Descuartizados…

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Durante los dos últimos meses de campaña presidencial hemos experimentado toda clase de ataques mediáticos; la presencia del internet nos agobia diariamente con mensajes horripilantes sobre futuros inciertos.

Es como si por cada esfuerzo de esperanza se cernieran sobre ellas mil incubos que quieren destrozarla.

¿Por qué?

¿Está acaso en nuestros genes el desprecio innato por la vida del otro?

¿Cuál es la fuerza que nos impulsa a despreciar cualquier halo de luz que nos lleve a una convivencia pacífica?

¿Los dolores en el alma de muchos, esa incapacidad de perdonar y seguir alimentando los rencores del pasado que no nos dejan seguir adelante y que pesan sobre nuestra espalda como bultos inclementes de ladrillos, culpas, venganzas silenciadas en el olvido?

Exigimos de más a quienes han sufrido y pagado los precios de la guerra, mientras quienes nos llevaron a ella, siguen hoy en el poder; tras el poder y sin quererlo soltar, manteniéndose en él con el arma de siempre, con la que nos han dominado apuntándonos diariamente: el miedo.

Como si solamente ellos tuvieran derecho a un pedazo de tierra, la siembra y la cosecha; a enamorarse y tener un hogar, una familia a parir hijos, a tener educación, los mínimos vitales y a morir de viejos.

Ni siquiera hemos pensado en quitarles sus posiciones privilegiadas y cuando lo hemos intentado en las urnas, nos han amontonado a palos.

¡Eso es lo que hay!

Esas son las grandes desventajas de negociar con un gobierno, mas no con un Estado.

Se irá Juan Manuel Santos habiéndonos quitado 54 años de guerra que no nos han permitido un solo día de paz, dejará a su paso un proceso de paz cojo, enclenque y medio zurumbático, en donde negociaron todo menos el derecho a tener un pedazo de tierra y vivir de ella.

¿Qué tanto negociaron?

Ríos de tinta llueven contando historias de los sobrevivientes; no nos alcanzaría la vida para leer tanto y aún faltan las que quedaron en el olvido y nunca serán contadas.

La Alcaldía de Ibagué aspira a sembrar dos millones de árboles y a convertir nuestra ciudad en el primer Bosque de memoria Reconciliación y Paz, donde cada una de las víctimas tendrá su propio árbol y su familia podrá cuidarlo, peregrinar y hacer de él un monumento vivo a su memoria.

Hermoso propósito que nos llena de esperanza y que nos reconcilia con la naturaleza, con esa madre tierra nutrida de sangre y dolor que ahora debemos abonar con esfuerzo y esperanza.

Los nombres de 200 soldados, 50 policías y 50 víctimas mortales civiles tendrán su ocobo… y florecerán… no morirá su memoria; no olvidaremos lo que ocurrió y ese sacrificio será la fuerza que nos permitirá defender la paz de los descuartizadores que hostigan con sus lenguas, con sus actos y con sus almas oscuras contra el sagrado derecho de no permitir más dolor en las siguientes generaciones.

No es a las ex- Farc a quienes protegemos, ni son ellos quienes nos importan, sino nuestros hijos, queremos evitar que algún día los alcance esa violencia, el miedo y el dolor sufrido y que hemos pagado de sobra su cuota cruel e inclemente.

No podrán hacer trizas el acuerdo logrado entre las ex-Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos ; lo que sí puede hacer el nuevo Congreso es aplicar un plan tortuga que desgaste a toda la sociedad civil, llenándola de desesperanza y miedos para que ellos puedan seguir robando , mientras a nosotros nos siguen matando.

¡No permita que nadie nos robe la esperanza!

No tengas miedo…el coco no existe.

¡La guerra no volverá!

Por: Nubia Flor Russi, defensora de Derechos Humanos.

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