Luis Carlos Rojas Garcia
Imagen: suministrada.

Al mando del general

Al general Montoya lo conocí en mi paso por la Fuerza Aérea Colombiana. En mis encuentros con él, podía notar la soberbia y la frialdad en su rostro y sus palabras, claro, nada raro en la conducta de los militares.

Durante los casi dos años que estuve allí lo vi un par de veces, siempre alentando a su Ejército a seguir las órdenes al pie de la letra y hasta me lo encontré durante algún entrenamiento en donde no escatimaba esfuerzos para mostrar que era de hierro.

Parecía un tipo “normal” cuya vida entera giraba alrededor de las Fuerzas Armadas, como si hubiese sido parido por la misma milicia.

Como sea, cuando escuché que era sospechoso por los mal llamados falsos positivos, recordé el talante del tipo uniformado, de voz ronca, que más que voz parecía un bramido, y no dudé ni un instante que tenía mucho que ver con lo que se le estaba acusando.

Por supuesto, uno tiene que estar adentro de esas filas, dormir, comer y hasta defecar con ellos, para saber que es una verdadera locura; que el discurso y la narrativa con que forman a miles de muchachos ignorantes en muchos aspectos de la vida, como lo era yo en aquellos tiempos, está lleno de odio y de absurdos que solo tienen cabida en ese mundo de gritos, insultos y fusiles listos para disparar.

Por eso, ahora que Montoya ha sido hallado responsable de una pequeña, pero, terrible parte de esta película de horror, me pregunto: ¿Qué más van a querer ocultar los cómplices de esta barbarie?

Estoy hablando de aquellos que han negado, hasta más no poder, que esos ‘falsos positivos’ nunca existieron.

¿Qué van a hacer ahora? Porque gracias a las declaraciones de los mismos militares que estuvieron al mando del general, ahora es más que obvio que no solo existieron los falsos positivos, sino también, que es una práctica macabra que se realiza desde mucho tiempo atrás, aunque, se consolidó e institucionalizó en el gobierno del innombrable.

Para nuestra fortuna, la narrativa de violencia y odio y de ese enemigo interno, se está tratando de erradicar de las Fuerzas Militares y de Policía en el gobierno actual. Si se logra cambiar esa mentalidad, los colombianos podremos sentirnos, por primera vez, respaldados por una fuerza que se creó para protegernos y no para asesinarnos. No será fácil confiar, pero, será un comienzo y eso, eso es un hecho Sam.

Por: Luis Carlos Rojas García Kaell de Cerpa, escritor.

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