No aprendimos nada

Luis Carlos Rojas García

Ha pasado más de un año desde que comenzó la pandemia que, en sus inicios, además de matar a las personas, se presentaba como la gran oportunidad de cambio que el mundo entero necesitaba. Fue así como las promesas, los buenos deseos y un montón de ilusiones comenzaron a aparecer en las redes sociales, en los mensajes de texto, en las reuniones virtuales y demás.

Sin embargo, desde el mismo comienzo de la pandemia, pudimos ver que algunos comportamientos no eran precisamente coherentes con el discurso de paz y amor. Por un lado, la violencia familiar aumentó; por el otro, cientos de personas en todo el mundo, en un acto de total egoísmo, comenzaron a abastecer sus alacenas sin pensar en los demás.

Por si fuese poco, a medida que la gente comenzó a salir, la contaminación aumentó. No solo era la basura de siempre, ahora se sumaban los tapabocas, los guantes y todos esos elementos que los gobiernos y las organizaciones de salud ordenaron utilizar.

Para completar, gobiernos como el colombiano generaron una verdadera catástrofe en el país, haciendo ver, a través de la Policía Nacional, que la pandemia era el menor peligro para los colombianos al lado de los alcances criminales de estas personas que no se sabe qué tienen en la cabeza.

Por esta razón, el individualismo, el egoísmo, el afán de pasar por encima del otro, el querer destruir antes que conservar, la hipocresía, la mentira y la desfachatez de no cumplir lo que se promete y se jura, se han hecho mucho más fuertes ahora que estamos avanzando en la etapa de vacunación y cuando casi está finalizando en algunos países.

Entonces ¿Qué fue lo que paso? Pasó lo de siempre, no aprendimos nada. Vivimos en un mundo al borde de un colapso en donde lo material y el interés personal prima sobre el colectivo. Vivimos en un mundo en donde el calentamiento global está en su pico más alto y parece ser que a los gobiernos poco o nada les importa y si no le importa al gobierno mucho menos a las personas.

El planeta nos ha dado una fuerte señal de lo que se nos viene encima; sin embargo, no hemos querido entender que no somos inmortales, que nuestra humanidad es extremadamente frágil, que este cuento se puede acabar cuando menos lo pensamos y que por eso es importar conservar, preservar, sembrar, valorar y saber que existen cosas en la vida que son mucho más importantes que el mismo dinero, aunque lo necesitemos para hacer parte del dinamismo con el que funciona todo en este mundo imaginario que hemos inventado.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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