Armero, la tragedia que mató a 25.000 personas en una noche

 

Tragedia de Armero

Se cumplen 34 años de la desaparición de la localidad tolimense.

Todos en Armero presentían que una tragedia estaría por suceder. Pero este pueblo de 40.000 habitantes que fue sepultado por miles de toneladas de lodo se quedó esperando que la Presidencia de la República y los organismos de socorro le dieran la mano a través de una orden de evacuación.

La noche del 13 de noviembre de 1985 murieron en cuestión de minutos unas 25.000 personas que dormían y los que no habían buscado la cama presenciaban por televisión un partido de fútbol.

La avalancha de piedra, lodo, azufre y diversos materiales que arrojó el volcán Nevado del Ruiz, bajó rauda por la falda de este gigante que está ubicado a 5.300 metros de altura, y luego tomó el cauce del río Lagunilla hasta llegar a Armero donde todo fue destrucción y muerte.

Orlando Ruiz, quien perdió a unos 50 de sus familiares en la avalancha, se pregunta hoy ¿por qué los armeritas no evacuamos esa noche el pueblo? ¿Por qué nos quedamos esperando que el nevado se nos viniera encima a sabiendas de los peligros que corríamos por vivir a orillas del río Lagunilla?

Este hombre que se gana la vida como obrero de construcción dice que el desastre estaba anunciado.

“Durante la tarde del 13 de noviembre cayó mucha ceniza y olía a azufre concentrado, y esos eran síntomas claros de una erupción del volcán”, dijo Lozada.

Vicenta León, una anciana de 77 años que perdió a 22 de sus familiares, dice que en la tarde era imposible salir a la calle por efectos de la ceniza.

“Yo recuerdo que la gente tenía que usar sombrilla para evitar la ceniza que nos caía, fue una tarde repleta de mucha ceniza y muchos llevaban un pañuelo en la boca por el fuerte olor a azufre”, dice la señora que tenía una venta de chivo en el barrio El Recreo.

Treinta años después de esa noche amarga surgen interrogantes de si pudo evitarse esta tragedia en momentos en que el país carecía de equipos para monitorear o seguir paso a paso los movimientos de ese gigante de la cordillera de Los Andes que tuvo sus primeras erupciones hace 1,8 millones de años.

Su erupción se dio en momentos que imperaba en Caldas y Tolima una sensación de incertidumbre e inquietud pues existían evidencias de reactivación del volcán ya que ese año se presentó una pequeña manifestación y, según datos del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, se dieron pequeños flujos de lodo que afectaron la vía a Murillo, un municipio del Tolima cercano a Manizales.

A lo anterior se suma que a finales de 1984 geólogos notaron el incremento en su actividad sísmica y aparecieron nuevos indicios de una posible erupción por el aumento, durante meses, de columnas de vapor y gases. Incluso, montañistas presenciaron depósitos de azufre nieve teñida de amarillo por la salida de azufre, pero también escuchaban ruidos y temblores cerca del cráter Arenas.

Martha Calvache, directora técnica del Servicio Geológico Colombiano, señaló que la tragedia “se pudo evitar”.

Dijo que en ese entonces los armeritas desconocían los peligros que corrían por vivir a orillas del río Lagunilla, un afluente que nace en el Nevado del Ruiz.

“La gente pensaba que el Ruiz era un volcán de Manizales que nada tenía que ver con Tolima”, dijo Calvache, y agregó que el país no manejaba temas claves como la prevención de desastres.

“Pese a todo, nadie puede decir el día ni la hora de la erupción de un volcán”, dijo Calvache.

Deja un comentario