Los colombianos elegirán este domingo 8 de marzo el nuevo Congreso para el periodo 2026-2029. Pero, además de Senado y Cámara, el tarjetón traerá las consultas interpartidistas presidenciales, un mecanismo que en otras épocas despertó entusiasmo político y hoy parece llegar con más nombre que votos.
Las consultas de este año tienen un problema evidente: la mayoría de sus protagonistas no encabezan las encuestas presidenciales. Mientras los candidatos que realmente marcan la conversación nacional prefirieron ir directo a primera vuelta, quienes quedaron en estas consultas intentan abrirse paso en un escenario donde el interés ciudadano luce, por decir lo menos, tibio.
El país sigue profundamente polarizado entre las dos grandes corrientes que han marcado la política reciente: el petrismo y el uribismo. En ese tablero, buena parte del electorado ya tiene puesto el corazón en los candidatos que competirán directamente en mayo. Por eso, para muchos votantes, estas consultas terminan siendo un ejercicio menor, casi un trámite que acompaña la elección del Congreso. No pocos de los votos que aparecerán en esas consultas serán, en realidad, votos prestados de electores que ya tienen candidato para la primera vuelta.
Las cifras de consultas anteriores muestran lo distinto que era el panorama. En 2018 la consulta de la derecha entre Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez superó los cuatro millones de votos. En 2022, la consulta del Pacto Histórico que consolidó a Gustavo Petro como candidato presidencial movilizó más de cinco millones de electores. En ambos casos los aspirantes ya estaban entre los favoritos del país. Hoy la situación es otra: hay más cálculo político que fervor electoral.
En la consulta de la derecha todo indica que Paloma Valencia se impondrá con el respaldo disciplinado del electorado del Centro Democrático que acudirá a votar en bloque por el Congreso y, de paso, por la ungida del uribismo. En la izquierda, gane Daniel Quintero o Roy Barreras, el resultado podría servir más para fortalecer su capacidad de negociación dentro del bloque petrista que para alterar realmente el mapa presidencial. En política, cuando el caudal propio es escaso, siempre queda la opción de pescar en río revuelto a la hora de sacar conjeturas electorales.
La incógnita estará en la consulta del centro. Más allá de quién gane, la cifra de votos será el verdadero termómetro político. Si la participación es baja, quedará claro que ese espacio sigue atrapado en el mismo problema de los últimos años: mucha teoría política, pero poca conexión con el electorado.
Al final, estas consultas podrían terminar sirviendo más para medir fuerzas internas, repartir fichas y acumular capital de negociación que para definir el rumbo presidencial del país. Los ganadores obtendrán titular y micrófono por unos días, pero eso no necesariamente se traduce en votos reales cuando llegue la primera vuelta.
Por ahora, la sensación es inevitable: mientras el país discute el futuro político en otros escenarios, estas consultas parecen llegar sin emoción, sin suspenso y sin verdaderos favoritos. En comparación con las que marcaron elecciones anteriores, las de este domingo tienen menos temperatura que una campaña municipal… y, para muchos votantes, más sabor un bloque de hielo.
Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Editor General
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