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Desenredando el enredo de Medio Oriente

Para muchos entender lo relacionado con el mundo árabe es una ardua tarea. Nos llegan noticias de países como Afganistán, Siria, Irak, Irán, y hasta de Qatar con el mundial que se avecina; y la gran mayoría no sabe ni ubicarlos en el mapa. Es más, he escuchado a decenas de personas decir, que si ven a un hombre barbado y con turbante, es preciso salir corriendo al instante. La percepción es que todo musulmán es terrorista (craso error).

La tarea de los comunicadores y periodistas es hacer comprensible  lo que parece incognoscible para la mayoría. De eso se trata los procesos de paráfrasis y transcodificación, que ayudan a la transformación del confuso lenguaje técnico utilizado en geopolítica, a lo entendible para todos. Ese es el objetivo principal de esta columna, que busca acabar con algunos mitos sobre los pueblos musulmanes y encontrar las diferencias que existen entre varios términos que suelen confundirse.

Empecemos con algunas palabras que son importantes y todos  deberíamos conocer su significado. La primera es ‘árabe’,  la cual hace alusión a un grupo etnolingüístico, ubicado en la península Arábiga. No todos los árabes son musulmanes; los hay judíos, cristianos, budistas e hindúes. El hecho de haber nacido en un país de esta región, no necesariamente los convierte en adoradores de Alá.

El otro término es ‘islamista’, el cual tiene un sentido más político y aunque abarca a los musulmanes, la gran mayoría no son terroristas ni mucho menos. Se podría decir que partiendo de la religión del Islam, nace la ideología política islamista, que no es igual a la concepción  netamente espiritual de sus fieles seguidores en todo el mundo.

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El Islam, es una religión que junto al cristianismo es la más extendida del orbe. Se presume que hay cerca de dos mil millones de practicantes de esta organización de creyentes. Es cierto que la gran mayoría de musulmanes (término utilizado para sus seguidores) están ubicados en Oriente Medio. Sin embargo, los seguidores de Mahoma (su mayor  profeta) están regados en varios países en todas las latitudes.

Es prudente entender que tanto el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, son religiones con el mismo origen y por eso se conocen como Abrahámiicas (relativo al Patriarca Abraham). Juntos comparten los primeros libros de la Biblia. Para los cristianos el Pentateuco, para los judíos la Torá; y para los musulmanes, su texto sagrado el Corán, acepta muchas de las primeras historias sagradas hebreas. La diferencia la marca lo que para ellos fue su último gran profeta que fue Mahoma, quien instruyó a su pueblo hasta el año 632  (siglo VII año de su muerte).

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Aquí parte la problemática musulmana la cual tiene su origen en el legado precisamente dejado por Mahoma. Las dos grandes fracciones del Islam (Sunitas y Chiítas) difieren sobre quién recibió de parte del gran profeta el califato (liderazgo del pueblo musulmán). Los chiítas creen que recayó en Alí (yerno de Mahoma) los sunitas, le dan otra lectura. Lo cierto es que esta divergencia partió en dos al pueblo musulmán. Los sunitas son mayoría (cerca del 90 por ciento) y se ubican en países como Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, Siria, entre otros. Los chiítas (cerca del 10 por ciento) tienen su fuerza principalmente en Irán, pero hay partidarios en varios países del Medio Oriente.

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Otro aspecto tiene que ver con el fundamentalismo de algunas corrientes del Islam. Al igual que sucede en toda religión, los pensamientos más sectarios y extremistas,  terminan convirtiéndose en un serio problema político y social. No nos rasguemos los «cristianos» las vestiduras criticando a los musulmanes extremos. Recordemos que los Nazis, en el nombre de Cristo asesinaron a más de seis millones de judíos. Los gringos (un estado protestante cristiano, en su mayoría) lanzaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki  sin ningún remordimiento. Aquí en Colombia, el clero, auspició el baño de sangre entre liberales y conservadores en la época de la violencia bipartidista. La historia deja muy mal parados a todos los religiosos extremistas.

Los Talibanes, hacen parte de esos musulmanes, sunitas, fundamentalistas, que en el nombre de Alá, han hecho cosas horrendas en la sociedad Afgana, y han relegado a la mujer de una forma absolutamente miserable. De éstos, nació el grupo terrorista Al Qaeda, el cual fue liderado por el desaparecido, Osama Bin Laden. No obstante, los sunitas de otros países también tienen sus organizaciones terroristas como es el caso de Estado Islámico de línea yihadista y el cual tiene como génesis la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003. Los chiítas, también tienen sus grupos extremistas armados como es el caso de Hezbolá,  de origen libanés.

Quiero comentarles que la mayoría de los musulmanes son personas buenas, lo que sucede, es que la maldad hace más bulla. Los colombianos también hemos sido víctimas de xenofobia, por culpa de los narcotraficantes que han hecho quedar muy mal al país ante el mundo. En efecto, nadie debería generalizar y estigmatizar a un compatriota por culpa de su escoria: mafiosos, políticos corruptos, guerrilleros y paramilitares. Lastimosamente, pagan justos por pecadores.

Aquí vale la pena preguntarnos el porqué si los Estados Unidos, sabía que los Talibanes retornarían al poder por la fuerza en Afganistán, retiraron sus tropas precisamente ahora que está por cumplirse este once de septiembre, dos décadas de los atentados de las Torres gemelas. El Tío Sam, no hace nada por casualidad, no creamos el cuento pendejo, que ellos no querían intervenir en un conflicto interno, cuando ellos son expertos en intervenciones. Esto tiene un gato encerrado de tamaño colosal y por supuesto Colombia, que es un país lacayo, se prestará para sus fines.

Es claro que el plan de la Yihad (Guerra santa) seguirá por parte de los grupos fundamentalistas armados. En el nombre de Alá, volverá  a aparecer el terrorismo islámico, y en el nombre de Jesús, no lo duden llegará la contraofensiva del terrorismo aliado, en cabeza del omnipotente estado gringo. Es cuestión de tiempo, así que aquí no hay buenos ni malos, sólo sed de sangre y poder en el nombre de Dios. Es por eso que sigo aplicando la frase del célebre científico polímita, Isaac Newton: “Creo en el Dios que hizo los cielos y la Tierra, pero no en el que han hecho los hombres». 

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Comunicador social

Esp. en Educación, cultura y política y Docencia universitaria.

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