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El egocentrismo no es autoestima, no se engañe

Hace varios años le preguntaron al cantante colombiano Carlos Vives, sobre lo que sentía al ser escogido como uno de los hombres más atractivos según la revista TV y Novelas.  La respuesta que dio fue contundente: “La verdad no me gusta hablar de mi físico, porque me parece poco elegante, eso se lo dejo a ellas”.

Parece que ese actuar modesto se desvaneció con el tiempo y ahora estamos bajo una oleada de narcisistas con un elevado ego que se confunde con autoestima. El primero es engañoso y esconde muchas debilidades, el segundo es necesario y nada tiene que ver con sentirse más que los demás.

Decían las abuelas: “Dime de qué te ufanas y te diré de qué careces”. Decenas de personas están en una competencia absurda por verse los más exitosos, los más atractivos y los más inteligentes. A la vez, varios de ellos pelean todos los días con la depresión y la ansiedad.

En menos de tres años, tres conocidos del Facebook se quitaron la vida, mientras en sus redes sociales exponían sus cantidades de likes y  una existencia casi  “perfecta”. De hecho, conozco  a algunas personas que son prósperas, con reconocimiento público y una vida turbulenta.

Dijo en su momento el escritor y poeta irlandés Óscar Wilde: “Las personas más insoportables, son los hombres que se creen geniales y las mujeres que se creen irresistibles”. Hay que mermarle a la vanidad. Es mejor que los reconocimientos vengan de terceros.  No es malo autoelogiarse, pero, hacerlo constantemente es jactancioso y sospechoso.

Sócrates, filósofo griego, dijo “Solo es sabio quien sabe que no sabe, no quien se engaña creyendo saber e ignora incluso su propia ignorancia”. El novelista ruso León Tolstoi aseguró: “No hay grandeza donde falta la sencillez, la bondad y la verdad”.

Un mensaje final para un grupo de hedonistas de ambos sexos. ¡Pilas mujeres! (algunas aclaro) no porque se desnuden  y alimenten la lascivia de decenas de hombres se convertirán en celebridades. Señores (algunos, aclaro), no porque ganen buen dinero o tengan muchos títulos quedarán en los libros de historia cuando mueran. Son otras cosas las que marcan la diferencia.

A nadie recordarán porque tenga un bonito trasero o porque haya comprado el último vehículo de alta gama. Lo que hagas por los demás, lo que escribas, lo que construyas, lo que inventes, lo que proyectes, es lo que quedará para la posteridad.

Hoy estamos y mañana no lo sabemos. Es salomónico no creernos tan indispensables. El mundo sigue girando con nuestra presencia,  o sin ella. Nunca olvide que: el planeta necesita más humanistas y menos acaparadores.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

 Editor General.

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