El trabajo nos hará libres

Luis Carlos Rojas García

“Arbeit macht frei”, (Lorenz Diefenbach).

Tal vez una de las frases más infame, irónica y descarada de todos los tiempos de la historia de la humanidad, es aquella que dice: (Arbeit macht frei) que traduce algo así como: El trabajo hace libre, y que se hizo horriblemente popular al ser encontrada el en tristemente famoso campo de concentración de Auschwitz de la Alemania Nazi. Lo que muchos no saben es que esa frase es el título de una novela escrita en el año de 1873 por el escritor nacionalista austríaco Lorenz Diefenbach. Para no hacer tan largo el asunto les contaré que la novela es una especie de análisis de la situación económica, política y social antes de la primera guerra mundial y la situación social entre las guerras. Del mismo modo, hace una referencia de cómo el trabajo se convierte en mediador en tiempos de guerra.

Pues bien, robarse derechos de autor y jugar con la publicidad para engañar, manipular y asesinar no es cosa del innombrable, no; los Nazis adoptaron esa frase para adornar las entradas de sus campos y de esta manera lograron ocultar sus crímenes antes la opinión nacional e internacional; aunque todos sabemos que más de uno fue cómplice del genocidio.

A decir verdad, no me voy a detener a analizar la barbarie y los efectos de la misma, ni mucho menos lo que significó esa frase para la gente que estuvo en esos campos. De lo que sí quiero hablar es de cómo, pese a que los tiempos pasan, las estrategias de engaño siguen siendo las mismas; una muestra de ello es el Covid-19, cuya publicidad y pánico no tiene comparación, sin restarle importancia al mismo, pero, con firme convicción de que aquí se habló demás.

Si bien es cierto que en países “desarrollados” las ayudas para la población no hicieron esperar cuando se dispararon las alarmas por el virus, también es cierto que por aquí y por allá siguen jugando a experimentar, así como también ha quedado demostrado que la economía está por encima de todo y de todos ya que, por más ayudas que un gobierno quiera dar a su gente, llega un momento en que toca pagar y ahí es donde la cosa cambia. El sistema económico actual de riquezas sectorizadas no da para más. Se necesitaría acabar con esos modelos y la verdad, ni los ricos ni los pobres estamos preparados para algo así. Lo que sí es claro es que, pese a todos los bombos y platillos que le han hecho al coronavirus refiriéndose al supuesto cambio que iba a tener la humanidad, las cosas vuelven a estar como antes, con un poco de precauciones, pero nada más.

Todo lo anterior obedece a que esta pandemia, que más que pandemia parece una suerte de espectáculo de reality show, respetando por supuesto la memoria de todas las personas que han muerto por culpa de la misma, se ha convertido en el trampolín de quienes aspiran a una presidencia, una alcaldía, a gobernar al mundo con la patadita de la buena suerte de la publicidad o un simple link. Todos quieren sacar su parte, todos quieren utilizar la estrategia del engaño publicitario para sacar ventaja, no importa la escala, así funciona el cuento, desde el más pequeño que no quiere ir a la escuela, hasta el más grande que no quiere trabajar y no me refiero solo al Covid-19, me refiero a la estrategia de engañar.

Ahora bien, si rompemos el (#Yomequedoencasa) y nos vamos a dar una vuelta por algunos entes gubernamentales nos podemos dar cuenta que ahora tienen nuevas y mejoradas fórmulas para robarse las ayudas, como pasa en Colombia, por ejemplo. Sin nombrar la manera como convirtieron este tema del Covid-19 en un negocio más. Y si miramos en el extranjero pues la cosa no es que cambie mucho, porque cada movimiento, cada carta sobre la mesa, cada entrevista en los medios, tiene una intención y es siempre la de ganar en sus intereses personales disfrazados de amor, paz y ayuda social.

No recuerdo en dónde escuché o leí esta frase que dice que la libertad tiene un precio, pero, es la cruel realidad. Con Covid-19 o sin el mismo tendremos que salir, tendremos que arriesgar y, sobre todo, tendremos que seguir produciendo y creyendo en la aberrante y esperanzadora consigna Nazi:

El trabajo nos hará libres”.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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