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¿Es usted importante? O más bien se cree importante

Vivimos en un mundo de egocentrismo en donde la mayoría de personas son megalómanas.  Hay un delirio de grandeza producto del hedonismo y de la influencia de los gurús disfrazados de motivadores, influencers, etc.

Autoestima es otra cosa. Nadie con una sana autoestima se siente ni menos, ni más que nadie. El narcisismo es el que hace que  un ser humano se sobrevalore  y empiece a sentir que está hecho de otra cosa y vale más que los demás.

Nadie puede negar que existen competencias y que hay personas más virtuosas que otras en ciertas áreas. Ver un cuadro de Da Vinci, leer a Shakespeare, oír las composiciones de Mozart, escuchar la sabiduría  del mismo Jesucristo; es aceptar que hay seres humanos que dejan huella.

A propósito del tema: ¿Alguien sabe cuántas propiedades dejó Mozart?

La única manera de ser importante es dejar algo que sea significativo para todos. Es hacer algo que marque con tu sello a otras personas. No sé trata de ti.

No eres importante porque tienes casas, carros o viajas al exterior cada dos meses. Eso a la gente no le importa. Tu poder adquisitivo es del interés de muy pocas personas (a menos que seas un gran empresario que genera empleo o quizás un filántropo). Si eres tacaño, tu dinero no tiene mucho valor para la sociedad.

Si ostentas un cargo público, tienes una importancia efímera. Te buscan porque con el poder que tienes puedes beneficiar a otros. Si cuando estás en el poder no piensas sino en ti, el día que no lo tengas, te recordarán de forma despreciable.

Si te conviertes en un tirano, puedes volverte importante (por miedo)  para determinadas personas. Eso sí, tendrás que cuidar tu espalda toda la vida. No olvides que si eres así, el mundo aplaudirá tu deceso cuando llegue la hora.

Te empiezas a hacer importante de manera real, cuando moderas tu ego y tus esfuerzos empiezan a estar encaminados en la solidaridad y en la ayuda a los demás. En resumen, el día en que te conviertes en un humanista.

Alguno podrá decir: «Es que a mí no me interesa salir en los libros de historia”. Está bien y es válido. Obviamente, no se crea importante por complacer sus caprichos y los de los suyos. Simplemente, la mayoría somos personas ordinarias con delirios de grandeza.

Si queremos dejar huella, tenemos que servir. En el devolverle a la humanidad  algo de los que nos ha dado, radica el primer paso para ser clasificado como alguien difícil de olvidar.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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