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Inés Rojas e Inés de Durán Inspiración de unas fiestas

Miles de nacionales y extranjeros en estos días de junio «felices vienen y van sin pensar en el dinero» por los caminos del histórico Tolima Grande, en busca de rumba, de diversión con la excusa del folclor con destino a Ibagué, Neiva, Espinal, Natagaima, Purificación o cualquier otro municipio de este circuito cultural del centro del país porque “San Juan inició la fiesta, San Pedro la continuó, ¡viva San Pedro!, ¡viva San Juan!, viva la fiesta tradicional!”.

Indudablemente Ibagué y Neiva cautivan el mayor número de visitantes, en donde junto a eventos con esencia realmente folclórica, encontramos la presentación de orquestas y artistas de reconocimiento nacional que consumen un alto porcentaje del presupuesto de las festividades, algunas veces con cifras desorbitantes, en perjuicio de los programas y acciones culturales que se requieren para la conservación de la autenticidad de nuestras raíces y origen.

Este desbalance económico y la variación de las festividades, aquí y en otras latitudes, fue introducido hace varias décadas y obedece a temas comerciales y son también respuesta a la demanda de consumo popular de esta clase de espectáculos, que sin lugar a dudas no tienen estratificación social, sino de escenario, ya que mientras los pudientes van al club, los pobres al gratín vamos al parque.

Siguiendo con Ibagué y Neiva, en honor a la verdad y a la justicia debemos reconocer que la base espiritual de esta fiesta de honor”, en otros términos “el gancho”, lo que más atrae es la interpretación de los bailes tradicionales que hacen las reinas y sus grupos de danzas al ritmo de  dos coreografías inmortales: el Sanjuanero tolimense en Ibagué y el Sanjuanero huilense en Neiva.

Detrás de estas manifestaciones artísticas dancísticas, las más importantes y hermosas del interior colombiano encontramos a dos brillantes folclorólogas y coreógrafas: Inés Rojas Luna e Inés García de Durán, creadoras coreográficas del «Sanjuanero tolimense» y el «Sanjuanero huilense«, respectivamente, cuyas obras ha trascendido los escenarios internacionales.

Inés Rojas Luna nació en el Líbano el 8 de octubre de 1920 y murió en su ciudad adoptiva, Armero, la fatídica noche del 13 de noviembre de 1985, junto a su principal asesor, el folclorólogo Misael Devia Morales, quien la acompañó siempre en el exitoso proyecto de las Danzas Folklóricas de Armero, que  inició en 1958 como Grupo Escénico “Arte y Ritmo” con el objeto de fomentar y promover la cultura en la desaparecida “ciudad blanca de Colombia” y proyectarla nacionalmente.

De este grupo saldría en 1963 el Ballet Folclórico Popular de Colombia y posteriormente las internacionales  Danzas Folklóricas de Armero que entre 1959 y 1985, logró 20 primeros lugares y declaraciones fuera de concursos en competiciones del alto nivel en el contexto nacional.

A este palmarés agregamos sus ovacionadas presentaciones en Venezuela, Panamá, Perú y Ecuador, donde obtuvo la Placa de Oro entre 14 naciones participantes.

La obra musical, soporte del Sanjuanero Tolimense, es El Contrabandista del compositor huilense Cantalicio Rojas. Su coreografía, con un éxito total, se estrenó en 1959 en el primer Festival Folclórico Colombiano.

Tras la catástrofe de Armero el 13 de noviembre de 1985, los sobrevivientes de este grupo artístico, cuatro hombres y dos mujeres, en un valiente mensaje de cariño y gratitud con su fallecida directora y como homenaje a los miles de desaparecidos y a su tierra, decidieron continuar el legado de su fundadora, por eso bajo la orientación del consagrado artista Gildardo Aguirre Aristizábal, el alumno aventajado de Inés Rojas Luna, un hombre carismático, de muchas cualidades y condiciones artísticas, en cinco meses, con sentimientos encontrados de dolor y grandeza, el cinco de abril de 1986, desde Ibagué le dijeron al mundo: ¡aquí sobrevive Armero, sus Danzas insignes y su directora Inés Rojas Luna! 

Mientras este proceso histórico cultural ocurría en el Tolima, en el Huila se daba algo similar pero de la mano de otra gran mujer, creadora de la coreografía del Sanjuanero Huilense, ese hermoso baile de picardía, coquetería y elegancia que tuvo su origen en un trabajo inicial del costumbrista David Rivera Moya y del investigador Jacinto Jaramillo, que en manos de la folcloróloga y coreógrafa Inés García de Durán, se acopló, se montó, se ejecutó y se inmortalizó.

Por allá en 1962, Jorge Villamil Cordovez e Inés García de Durán, nacida en Neiva el 26 de junio de 1928, iniciaron un interesante trabajo en los barrios de Neiva para fomentar y promover la cultura, la danza y el festival, así como en la necesidad de insistir en la conservación de sus raíces.

El trabajo de Inés García de Durán fue muy intenso y amplio, entre sus grandes éxitos se destacan la fundación de la Escuela de Danzas del Huila, su servicio como profesora del Conservatorio de Música del Huila, la creación de diversas coreografías, su defensa a muerte por la conservación de la memoria y sus auténticas costumbres y la que se convirtió en su obra cumbre e inmortal, la creación coreográfica del Sanjuanero Huilense.

Doña Inés de Durán recibió múltiples reconocimientos y en su honor el Encuentro Internacional de Danzas, el evento más atractivo del San Juan y San Pedro en Neiva, lleva su nombre.

Hay que recordar que la obra musical del Sanjuanero Huilense data de 1936 y es del maestro Anselmo Durán Plazas y la letra de Sofía Gaitán Yanguas de Reyes.

Doña Inés García de Durán falleció el seis de julio de 2011, a los 83 años de edad, haciendo siempre sus aportes a estas emblemáticas fiestas, aunque nunca dejaron de preocuparle los “atentados” a su auténtica obra con “cosas raras”, que son agresiones a la cultura y a la identidad huilense, lo que amerita, al igual que con el Sanjuanero Tolimense, una declaratoria como patrimonio inmaterial de la nación por parte del Ministerio del ramo.

Inés Rojas Luna e Inés García de Durán, dos símbolos de una patria que siempre debemos honrar por ese singular legado cultural y que en estas fiestas de junio en el Tolima Grande debemos siempre recordar que ellas fueron y que ellas son, gracias a sus creaciones artísticas, la razón de ser de las fiestas.

Por: Miguel Salavarrieta Marín.

Periodista independiente.

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