Las emisoras de radio pueden desaparecer

Luis Carlos Rojas Garcìa, ‘Kaell García

Luis Carlos Rojas García

No es secreto en el ámbito radial que algunas empresas y firmas por medio de estrategias comerciales compran o arriendan emisoras que, casualmente, en algún tiempo fueron las más potentes o que simplemente por asuntos de frecuencia y competencia  necesitan quitarlas del camino y posicionar a una nueva marca. Para no ir muy lejos nombraré dos casos recientes, uno de ellos es el de Radio Súper del Tolima, una emisora que estuvo ligada a Ecos del Combeima y en donde se escucharon comunicadores de gran trayectoria como el desaparecido Jorge Eliécer Barbosa, recordado por los que aún lo recordamos, como Kalixto, el que no tenía pelos en la lengua.

Dicha emisora con el paso de los años fue decayendo por culpa de su mala administración y un director empeñado en hacerles la vida imposible a los locutores y con una realidad algo trastornada al creer que todos lo perseguían o conspiraban en su contra. Líos de índole judicial, malos pagos a los trabajadores y un sin número de situaciones vergonzosas dieron la estocada final. Con el fallecimiento de su fundador, Henry Pava, las negociaciones no se hicieron esperar y al cabo de un tiempo, cuando ya no daba para más, se cerró el negocio. La Fm de RCN entró a ocupar la frecuencia. Sin embargo, no les dio el resultado esperado, al menos en el famoso Ecar no aparecen en muy buena posición hasta el momento, han sido superados por los gritos del señor de las noticias chocarreras y carnudas. Por si fuera poco, la labor de Edward Amaya, antiguo director de la emisora y expolémico y muy criticado por su mala gestión como secretario de Gobierno, duró muy poco. Al parecer, su ambición fue más fuerte que su pasión por la radio y terminó enlistado en las filas nefastas de la empresa minera que quiere acabar con Cajamarca y otras partes del Tolima AngloGold Ashanti, la misma que se ha convertido en la  madre de más de un “comunicador” de esta ciudad, gracias a la constante pauta, a los viajes, a las rifas y todos esos cariñitos de madre que suele enviar a los mismos, eso sí, todo “legalizado”.

El segundo caso y tal vez uno de los más tristes, es el de La Voz del Tolima, una de las emisoras insignia de este departamento. En sus viejos buenos tiempos y por medio de su potente onda corta, llegó hasta sitios impensables y hasta arrulló en guerras extranjeras a más de un colombiano. Eso sin contar que tenía una muy buena programación y era la más escuchada dentro y fuera del territorio, llegando a lugares en donde otras apenas si lo podían soñar.

Esta emisora, al igual que Súper, comenzó a presentar las mismas falencias, los cambio de personal constante por culpa de su mal ambiente laboral y sus pagos irrisorios, diferencias entre sus directivas, monotonía en sus dos noticieros, eso sin contar la constante y evidente rencilla entre sus dos directores por el afán malsano de hacerse con la pauta mediante favores politiqueros entre otras cosas, dejaron al descubierto lo que más adelante sucedería. Desde hace un par de años y luego de la muerte de su fundador, se escucharon los primeros rumores sobre su venta o arrendamiento; sacaron a casi todo el personal, se quedaron con un par de locutores, ya no tenían departamento de ventas y la programación se basaba en brujos, médicos y uno que otro programa musical con un  montón de conflictos ideológicos sobre la programación de la música o el asunto ese de dar la hora exclusivamente sin que los locutores pudieran pronunciar alguna palabra demás, eso sin contar la exasperante voz de un comunicador que se convirtió en  el todero de la emisora ya que estaba en los comerciales, en el noticiero de medio día, en los programas de música, narrando futbol desde el sillón de su casa y si le quedaba tiempo echaba una que otra extra.

En definitiva, la falta de creatividad, conocimientos y adecuación al mundo moderno por parte de sus directivos y por parte de sus propietarios llevó a la emisora al estado en el que se encontraba últimamente. No se puede desconocer que sus propietarios dejaron ver la apatía y falta de amor por su tierra, ya que no quisieron sostener lo que su padre con tanto tesón levantó para ellos y para la comunidad tolimense. Eso suele suceder. Como quien dice, La Voz del Tolima se quedó sin voz, se fue apagando. Luego de mucho esperar en medio de rumores y chismes de corrillo llegó el gran día, el pasado primero de marzo, Bésame, de Caracol Radio se posicionó; días antes sacaron a los concesionarios, dejaron a sus dos deplorables noticieros, y al exiguo personal que labora actualmente. Sin mucho escándalo todo fue consumado.

Como estas dos emisoras muchas más han sufrido el trágico destino a lo largo de la historia; sin embargo, la gran diferencia con lo que pasaba antes con las emisoras y lo que sucede hoy en día, es que a las emisoras de radio las están programando por lo general desde la capital y a través de la Internet, una estrategia exportada directamente desde el país Vasco con el único fin de recortar costos, entre ellos al personal.

A manera de conclusión debo decir que si Charly decidiese escribir de nuevo aquella canción de dinosaurios al borde de la extinción, le recomendaría incluir y hacer énfasis en las emisoras de radio, que con estos cambios modernos y con la actitud de sus dueños y gerentes encargados, no cabe duda que pueden desaparecer.

Por: Luis Carlos Rojas García, Kaell, escritor.