Las guarichas y sus elecciones

Luis Carlos Rojas
Luis Carlos Rojas

Según cuenta la historia y la Real Academia de la Lengua, que por cierto cambia el significado de las palabras como cambia el clima últimamente en nuestro planeta, antes de la llegada de los españoles la palabra “guaricha” significaba mujer sagrada, era la persona que tenía bastante sabiduría y por tal razón los españoles perseguían a las guarichas. No obstante, con el paso del tiempo dicha palabra se le designó a las mujeres de la vida dizque alegre, más conocidas como prostitutas.

El tiempo siguió su curso y el significado de la palabra “guaricha” mutó, al punto que dejó de ser parte innata de la prostitución para convertirse en la definición de cualquier persona, hombre o mujer, con la mala costumbre de generar chisme, de traicionar o de estar hablando lo que no es. Lo que quiere decir que hoy en día, cualquier sujeto se puede convertir en una guaricha sin necesidad de que pertenezca o ejerza alguna profesión y oficio.

Ahora bien, el país está viviendo un hecho sin precedentes en materia política; si bien es cierto que en la historia de la política colombiana han sucedido casos insólitos en donde los ríos de sangre que han corrido no tendrían cómo acabar, lo que se está viendo hoy en día no tiene presentación. De hecho, todo comenzó un par de años atrás con los asuntos aquellos del cambio de la hora, los narcocasetes, los primos de los narcos y asesinos, el elefante, las bombas, las chuzadas, la corrupción, los reinados, las cosas se hacían a las espaldas de los mandatarios, las campañas financiadas por el narcotráfico, las conexiones en el extranjero, las mulas, los hijos de los políticos, las mujeres y resto de familiares de los mismos, la reelección, los falsos positivos, los paramilitares, la guerrilla y un sin número de hechos y sucesos que nos han llevado a estos últimos tiempos en donde nos damos cuenta que hemos estado siendo gobernados por guarichas y no precisamente seres llenos de sabiduría.

Para colmo de males, la prensa, no toda, pero si la gran mayoría, se transformó en una especie de drag queen que de día es uno pero de noche es otra. Los políticos y los periodistas de hoy en día poseen una especie de identidad transgénero, y aquí quiero ofrecer mil disculpas a la comunidad Lgtbi a la cual respeto y admiro por su férrea convicción y su lucha, por esta odiosa comparación, pero no encuentro otra manera de reseñar a estos personajes, que ni son una cosa ni son la otra.

En lo corrido del mes de mayo, días antes de la dichosa elección, hemos sido bombardeados por un montón de campañas políticas que poco o nada tienen que envidiar a las plazas de mercado. Chismes de corrillo, insultos, manipulación de los medios, pautas jugosas, promesas ridículas y una cantidad de cueros sacados al sol, dejan ver lo bajo que ha caído esté país. Somos una vergüenza a nivel nacional e internacional, como lo dice don Jorge, pero lo malo es que no hay patadita de la buena suerte para el país.

Después de ver esa campaña de odio transmitida por los medios de comunicación que lo único que hace es generar más violencia de la que ya tenemos, es cuando nos preguntamos ¿Para qué carajos sirve el defensor del televidente o para qué está la supuesta Neotiqueta en la red? Al parecer no es más que otra fachada como las que suelen montar en este país.

Lo triste y preocupante de todo esto es ver y escuchar que a muy pocos les importa todo este show mediático generador de desvaríos. Por tal razón, como lo reza la frase popular: “Por eso es que estamos como estamos”. Mientras sigamos dejando que nos gobiernen un montón de guarichas modernas nada podrá ser distinto y nos tocará anhelar entonces a que regresen los dragones de Sabina y Fito para que pueblen las avenidas de este país que se suicida.

Por Luis Carlos Rojas García, escritor.

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