Navidad en el norte, navidad en el sur

Luis Carlos Rojas García

Dentro de un par de días llegará la navidad del año más extraño para todo el mundo. Una navidad y, posteriormente, año nuevo, pasado de Covid-19. No me voy a referir a Europa que ya bastante tiene con sus líos de pandemia y porque no acabaría jamás. Solo voy a hacer una pequeña referencia de lo que les espera a los del norte y a los del sur.

Pues bien, la pandemia nos ha llevado a tener que acostumbrarnos a vivir con ella y a reinventar ciertas cosas que, aunque nos ayudan a sobrevivir, no nos ha alcanzado para cambiar todos esos comportamientos que deberíamos cambiar para mejorar como humanidad. Como sea, tanto el norte como el sur se las han tenido que ingeniar para no sucumbir frente a un tema que a veces pareciera sacado de alguna película de conspiración y otras veces es tan real, sobre todo cuando se nos lleva a un ser querido.

Tal vez por eso no es raro encontrar Papás Noel envueltos en plástico, festivales de luces cancelados al igual que reuniones y fiestas, compra de regalos, cenas, rifas y juegos; de hecho, las acostumbradas peleas familiares, los reencuentros, las reconciliaciones, los bailes hasta el amanecer en casa, en la calle o en las discotecas como se estuvo presenciando en los últimos años (aunque esto último es típico del sur), se van a tener que olvidar; lo mismo ocurrirá con los apretones de mano y, sobre todo, los abrazos y los besos, sin mencionar otras cosas. Simple y llanamente lo anterior no va más, al menos no por ahora y quién sabe por cuánto tiempo más.

Todo eso que conocimos e hicimos en las navidades pasadas no será más que un recuerdo o una suerte de cuento de navidad, aunque sin fantasmas ni nada de eso, pero sí con el temor de ser descubiertos y multados por permitir que un amigo o familiar venga a nuestras casas a celebrar. En el sur tocará pagar con pesos y en el norte unos dólares de más.

Sin embargo, no faltan los temerarios que se quieran arriesgar, por lo menos en el norte; en el sur no tanto, en el sur el despelote no tiene precedentes y, pueda que los del norte no entiendan mucho la razón de ese comportamiento temerario, aunque no los juzgo, los del norte no tienen idea de qué es vivir con la muerte en colgada en el cuello, por eso una multa no trasnocha a un sureño. En este orden de ideas, en las próximas navidades no ha de faltar que, quienes estamos por estas tierras del norte, recibamos la llamada de algún amigo o familiar en tremenda farra gritando: ¡Qué viva la fiesta! O ¡Párele bolas que se está acabando el año! O que la van a tumba’.

Sí, esta navidad será muy diferente a todas y el fin de año ni hablar, tanto en el norte como el sur. No obstante, aquí lo que realmente importa es que podamos contar un año más, en el norte o el sur; así como también es importante que los suyos, los míos y los nuestros estén rodeados de amor y prosperidad, de salud y calma, de comprensión y tranquilidad, de todas esas cosas buenas que hacen parte de esta vida; cosas que a la final son más importantes y que están por encima de lo material.

Desde ya mis queridos lectores, en el norte o en el sur, les deseo: ¡Feliz Navidad! Y que la vida nos alcance para todo lo que queremos lograr.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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