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Reflexiones filosóficas de pascua

Desde infante me hacía  varios cuestionamientos sobre la vida y la razón de nuestra existencia. Fueron muchas las contradicciones que escuchaba siendo un párvulo frente a temas como el bien y el mal y sobre la existencia de Dios.

Hemos escuchado decenas de veces de varios autores que la verdad es relativa y que las interpretaciones del mundo son subjetivas. Aun así la influencia de la religión predominante es grande sobre nuestro entorno.

No somos lo que creemos ser. En realidad somos una amalgama de convicciones y creencias que heredamos y otras que adquirimos por conductismo de nuestro medio ambiente. Unos muy pocos desafían los estereotipos y deciden ir más a fondo.

Tal como lo describe en el libro de la República el filósofo griego Platón (428 a. de C.-347 a. de C.) en su Mito de la Caverna nacemos encadenados y sujetos a un conocimiento sensible e imaginario de las cosas. Lo que llamamos nuestra verdad, es más producto de lo que creamos en nuestra imaginación influenciado por las creencias que nos inocularon.

Las cadenas solo nos permiten observar las sombras sobre la pared a las cuales le damos la categoría de real. Solo quienes logran liberarse de los grilletes y percibir el dolor de que produce la luz pueden apenas empezar el trabajo de la búsqueda de lo inteligible y real.

Sócrates, maestro y antecesor de Platón, hablaba de la mayéutica  que era el método en el que mediante preguntas se lograba cuestionar el conocimiento yacente en la mente del ser.

Existe un dilema que embolata al mundo hasta hoy y es el origen de las ideas. Los empiristas sostienen que las mismas llegan a través de la acción de los estímulos a través de los sentidos. Por otro lado,  los racionalistas lo atribuyen a la naturaleza innata del hombre. ¿Quién tiene la razón?

Aparecen luego hombres como Pierce y nos argumentan que el ser humano es un signo en desarrollo. La semiótica recoge la experiencia empírica y racional y nos lleva por un colosal desconocido en donde el hombre no es el centro del Universo sino apenas una partícula de un inmenso remolino. Lo complejidad de la física cuántica.

Lo cierto es que la debilidad del hombre no solo permite su condición social sino la necesidad de un Dios. Un universo tan complejo exige muchas respuestas y suscita miles de interrogantes.

Dice el libro del profeta Jeremías capítulo 10 versículo 23 Conozco, oh Yahvé, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina, es el ordenar sus pasos”. Es una incómoda pero al parecer sustentable verdad, así muchos hayan olvidado su condición humana y finita.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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