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Y la virgen, no soltó al niño

Uno de los aspectos determinantes y a la vez más difíciles de dilucidar en el debate probatorio para llegar a la verdad y a un fallo imparcial, objetivo y justo de un proceso penal, es precisamente la valoración de la credibilidad de los testigos en busca de la verdad.

En este proceso, las partes intervinientes analizan, entre otros aspectos, la consistencia, la coherencia y la confiabilidad de la declaración, que contrastan, además, con las evidencias técnicas, documentales, físicas y científicas, revisando además hasta la salud mental del individuo, sus reacciones al hablar, sus antecedentes, los posibles sesgos, sus intereses e influencias externas, sus contradicciones propias o con otros declarantes, etc.

Es un análisis para los abogados y sus equipos que resulta apasionante y muy difícil porque están tras la verdad. Demanda mucho estudio, investigación y concentración, que se ve impactado por las posiciones de la defensa y el acusador, para finalmente llegar a la determinación que adopte el juzgador, obviamente dispuesta a todos los recursos legales a que acudan las partes, al escrutinio y decisión de otras instancias superiores, en la espiral ascendente de justicia que determinó la ley.

Desde hace meses y quién sabe hasta cuándo, Colombia seguirá atenta al proceso que en primera instancia se acaba de fallar en contra del expresidente Álvaro Uribe Vélez, por 2 de los 3 delitos (fraude procesal, soborno y soborno a testigos) que le fueron imputados, en el caso de manipulación de testigos y en donde sí que abundaron los declarantes, más de 70 y al parecer, algunos de ellos “apáticos” a la verdad; indiferentes a mentir.

Y esa manifestación de indiferencia por lo veraz, se presenta en una grabación de audio, en donde un testigo renuente a tener que ser trasladado a Bogotá a rendir declaración se le escucha decir a su interlocutor que “a mí me hacen subir a Bogotá, mejor dicho, yo hablo hasta de la Virgen del Carmen, que soltó el niño y ella nunca lo ha soltado, pero yo digo que lo soltó”. 

Sin lugar a dudas, este es el proceso judicial más complejo de la vida colombiana de todos los tiempos, porque paralelamente al componente jurídico,  se desarrolla un hostil y pesado ambiente político que enfrentó a las agrupaciones partidistas alineadas con los protagonistas, el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el Senador Iván Cepeda, en otras palabras la derecha frente a la izquierda, que ciertamente incentiva la polarización de los comicios presidenciales y bicameral del próximo año para el período 2026 – 2030.

Al concluir esta primera fase son muchas las voces que se han levantado a favor o en contra del fallo, varios juristas han entrado a cuestionar temas como la “teoría del hallazgo imprevisible e inevitable” con el que se habilitan las chuzadas ilegales de la Corte al expresidente con su abogado Diego Cadena y que usa la juez para indicar que el exmandatario era conocedor de los hechos en tiempo real y por lo tanto constatar la comisión de un delito.

Este punto concentra la mayor atención del Tribunal Superior de Bogotá en su ejercicio de fallar la apelación, ya que, según juristas, al quedarse sin piso esta prueba se cae el proceso y naturalmente el proceso, que iría a casación.

Se espera que el Tribunal fije posición sobre los límites a la protección de la relación abogado-cliente, así como el uso de pruebas y cuando estás se consideran obtenidas por fuera del debido proceso.

De otro lado, se ha registrado un  importante consenso en torno al respeto que se debe tener siempre a la independencia y la imparcialidad de los jueces, ante la consideración de que más que un privilegio de estos, es la garantía de los derechos ciudadanos.

Los colombianos seguiremos atentos al desenlace de este triste capítulo de la historia nacional y pidiendo a la Virgen del Carmen que jamás vaya a soltar al niño en los estrados judiciales, porque hasta termina imputada y condenada por efecto de testimonios de quienes le prenden una vela a Dios y otra al diablo.

Por: Miguel Salavarrieta Marín

Periodista independiente. 

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