Este 11 de noviembre de 2025, en el terraplén de Armero, después de 40 años, se reencontraron y se fundieron en un emotivo abrazo lleno de dolor y lágrimas Leopoldo Guevara y Frank Fournier, el primero fue quien, desde el aire, en su avioneta de aviación, 5:40 a.m., descubrió que Armero había desaparecido. El segundo es el reportero gráfico francés quien mostró al mundo la imagen de aquella niña de tan solo 13 años, Omayra; convertida en la imagen de la tragedia de Armero.
La citada imagen del fotógrafo francés, quien documentó esta catástrofe que enlutó a Colombia y generó la solidaridad mundial, con la foto de Omayra Sánchez, ganó en 1986 el codiciado premio del concurso World Press Photo, que se entrega en Ámsterdam, Países Bajos.
El empresario y dirigente regional de la Defensa Civil Colombiana, Leopoldo Guevara, testigo directo de este capítulo negro de la historia nacional, estuvo siempre al lado de la comunidad. Tenía una amistad con el entonces alcalde de Armero, Ramón Rodríguez, quien desapareció al pie de los suyos, esa fatídica noche del 13 de noviembre, donde 25.000 personas fueron borradas de la faz de la tierra.
Con el mandatario de Armero, hablaban muy seguido de este tema y se quejaba de que en ningún lado le paraban bolas, incluso en la Gobernación del Tolima lo trataban como el loquito del volcán. Leopoldo y Ramón Rodríguez, cariñosamente Moncho, eran conocidos de tiempo atrás, incluso vivía en un pequeño apartamento junto a la iglesia de San Lorenzo, cerca a la alcaldía, lo que le permitía una interrelación permanente con el mandatario.
“Ese día hablé con él, con Moncho, y hacia las cuatro de la tarde me despedí y me vine para Venadillo. Él me decía: ‘nos vamos a acabar, nos va a pasar algo terrible y nadie nos paró bolas'», recuerda con nostalgia este heroico hombre del Tolima.
Al preguntarle sobre el encuentro con el presidente Belisario Betancourt, quien llegó a Armero hacia las 11:20 de la mañana y aterrizó junto a “el mercadito”, un improvisado helipuerto. “Cuando se bajó del helicóptero, él estaba llorando y me dijo: ‘¿trabajando por la patria?’ Entonces, yo lo saludé formalmente y le dije: sí presidente, trabajando por la patria”, subraya don Leopoldo Guevara y agrega una contundente frase que demuestra la soledad del poder y la inmensa carga emocional que sobre sus espaldas cargaba el presidente Betancourt. “Dijo unas palabras que se las oí muy claras: ‘no me pueden suceder tantas cosas’, se agachó, se tocó la cabeza, se tocó la cara y se quedó pensando…”.
Obviamente el periodo de Belisario Betancourt (1982 – 1986) fue uno de los más difíciles que haya tenido mandatario alguno en las últimas décadas, quizás fue el presidente a quien la adversidad que conlleva la soledad del poder le llegó a muy temprana hora: el 31 de marzo de 1983 se produjo el terremoto de Popayán con más de 250 muertos y 1.500 heridos. El 22 de noviembre de 1983 el secuestro de su hermano, el Consejero de Estado, Jaime Betancourt. El seis y siete de noviembre de 1985 el holocausto del Palacio de Justicia con más de 100 muertos y muchos desaparecidos. Ocho días más tarde, el 13 de noviembre de 1985 la tragedia de Armero. Luego, el 30 de abril de 1984, el asesinato de su ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla.
Leopoldo Guevara no solo fue el primero, junto a su colega y compañero el piloto Fernando Rivera, en divisar ese dantesco panorama del 14 de noviembre, sino que debido a su vocación de servicio, de ayudar a la humanidad, ese fatídico 13 de noviembre, no solo se despidió de Moncho, sino que al conocer de la explosión del volcán, hacia las 11 de la noche quiso llegar con otros voluntarios hasta Armero, desconociendo aún la dimensión de la catástrofe, pero solo pudieron llegar hasta el cruce de la vía al Líbano porque una gruesa capa de barro y olor a azufre se los impidió, sin embargo, alcanzaron a divisar cuatro personas encima del capó de un carro que se convirtieron en los primeros rescatados.
En este cuadragésimo aniversario rendimos homenaje a las víctimas fallecidas y a los sobrevivientes, quienes, sobreponiéndose a toda mala voluntad, luchan por el rescate de su dignidad, por sus derechos y con el alma herida siguen buscando a los niños de Armero.
También rendimos tributo a esos héroes como Leopoldo Guevara y todos los voluntarios del mundo que con honestidad y amor se entregan al servicio de una humanidad que cada día necesita más personas con esta naturaleza singular.
A Leopoldo Guevara, un hombre emprendedor, valiente, servicial y sencillo lo conocí como empresario, servidor público, dirigente gremial, siempre al lado del necesitado, el reconocimiento de un colombiano que valora sus ejecutorias y su ejemplo social.
Por: Miguel Salavarrieta Marín
Comunicador social.
A La Luz Pública – Noticias de Colombia La fuerza de la verdad