¿Candidatos tozudos y tercos en esta campaña?

Diseño: El Tiempo.

No se entiende que mantengan sus posturas y no generen alianzas o den un paso al costado.

Sobre todo, los que según registran las encuestas que se han conocido y las que ellos mismos han realizado, no cuentan con el respaldo popular, ni de otros sectores.

¿Para qué desgastarse en ir hasta el final y quedar sepultados su prestigio y capital político, con pocos votos?

¿Para qué endeudarse o comprometer el patrimonio familiar, esperanzados en cubrir deudas con la reposición de votos?

¿No sería sensato haber renunciado a tiempo, para no ir a generar costos en la impresión de tarjetones y demás en la Registraduría, dinero que sale del bolsillo de los contribuyentes?

Podría ser el caso de Hugo Ernesto Zárrate, con amplia trayectoria en lo público que incluso fue Representante a la Cámara, funcionario de la Alcaldía de Bogotá, notario, y a quien sus aliados de siempre lo han dejado solo, y matriculado sus fuerzas en otra candidatura; sin hablar de la división entre los sectores alternativos que lo impulsaron en un primer momento.

O el caso de Diana Gaitán, quien insiste en una campaña que no creció y que no se conectó con las realidades ibaguereñas. “Voy a sacar 45 mil votos”, dijo hace poco la exgerente de la USI en una entrevista radial.

Cifras como estas no pueden ser racionales ni sensatas en el escenario local donde el partido que avala a Gaitán, Colombia Justa Libres (toda una desproporción gramatical), hasta ahora irrumpe en la escena política y no se sabe con qué fuerza ni caudal electoral cuenta.

Hay que recordar que la aspirante toda la vida hizo política con el exalcalde Jorge Tulio Rodríguez y el excongresista Carlos Edward Osorio, quienes la mantuvieron 14 años manejando buena parte del presupuesto de la salud de la capital tolimense, con las consecuencias, de todos conocidas.

Lo mismo podría decirse de aspirantes como Alberto Girón, Alfredo Bocanegra o Leonidas López, con toda la preparación académica, experiencia en lo público y privado, y una imagen aceptable. ¿Por qué no pensar en una alianza? ¿Será que puede más la egolatría de que solo la alianza es viable si ellos llegan a mí y no al revés?

Está en juego el modelo y la visión de ciudad que todos queremos y anhelamos. Ojalá después del 27 de octubre nadie esté lamentando no haber tomado la decisión correcta.

*Este es un editorial del director de A la luz Pública.

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