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Del eclipse y el fin del mundo

Tres países vivieron este ocho de abril la oscuridad total, en un evento en el que el disco del sol estuvo completamente cubierto por el paso de la luna. El fenómeno natural, se conoce como eclipse de sol y es algo que millones de personas han percibido a lo largo de la historia.

Hace algunos siglos los mayas por ejemplo asociaban la oscuridad con la muerte de Kinich Ahau (Señor del ojo del sol) y creían que esto anunciaba desgracias y eventos catastróficos. Por esta razón, era común la realización de sacrificios, incluso humanos, para apaciguar a los dioses y asegurar protección.

Los antiguos griegos creían que un dragón se estaba comiendo el sol, los chinos pensaban que era un perro y lanzaban flechas al cielo. En algunos sectores de África no salían de sus casas porque sentían que la exposición causaría muchas muertes.

En pleno siglo XXI, no faltan las cadenas de WhatsApp, las noticias falsas en las redes sociales y las supersticiones sobre el fin del mundo.

El día seis del mes seis del año 1996, la llegada del nuevo milenio (2000), la profecía Maya de 2012, los eclipses, los cometas, y cualquier cosa que se asome en el cielo, es caldo de cultivo para los especuladores, para los pastorcitos mentirosos y para los embusteros de la fe.

La Biblia dice lo siguiente en Mateo 24: 36: “Pero del  día y la hora nadie lo sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre”. Así que si usted dice ser creyente debería creerle a Jesús y no a lo que le dice un mitómano.

Si usted es agnóstico, seguramente le dará nula importancia a las especulaciones de unos pocos, que son felices causando miedo y pánico. Los fenómenos naturales, han existido, existen y existirán.

La mejor forma de estar preparado para el fin del mundo, que es la muerte en esta vida terrenal, es tener una conciencia tranquila, vivir en paz con los demás y hacer el bien en la medida de sus posibilidades. A todos sin lugar a dudas nos llegará la hora.

Este es un editorial de A la luz Pública.

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