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¿Desapareció la empatía?

Quizás no, pero está agonizando. Desde hace tiempo entró en cuidados intensivos con pronóstico reservado. Al parecer la pandemia del egocentrismo, la cual se confunde erróneamente con autoestima, es más contagiosa que el famoso Covid y hasta los más solidarios se contagiaron.

Casi todos los motivadores de hoy en día inoculan a sus receptores el “Culto al Yo”. Nos venden la idea que antes de amar a alguien, debes amarte a ti mismo  y eso está bien. Sin embargo, te fabrican en aras de tus objetivos, una vida en donde te puedes llevar por delante al que sea por conseguir tus sueños.

Te dicen que si un amigo no te aporta nada en materia económica, te alejes. Si una pareja ya no te gusta, la abandones pues tienes el derecho a ser feliz. Si algún familiar se está quejando mucho de la vida es hora de que lo cortes, porque es tóxico. El fin justifica los medios decía Maquiavelo.

El problema radica en que por más que quieras, seas positivo y perseverante, hay cosas de las cuales no tienes el control. Los exitosos también se enferman, también pueden saborear el desamor y no están exentos de ninguna desgracia. La vida es una montaña rusa.

El narcisista está convencido de que lo aman y no entiende que más bien lo necesitan. Es solo preguntarte: ¿Si tuvieras un revés económico, una situación difícil de salud, o de calamidad, quién se quedaría a tu lado? Jamás olvides que los días difíciles espantan a la mala pareja, al mal amigo y al mal familiar.

Me sigo preguntando: ¿En qué momento nos convencimos, que sumar títulos académicos, más dinero o más poder nos hará más amados? No nos engañemos, si el poder lo utilizas para servir a la humanidad, puede que dejes huella, si lo haces para servirte a ti mismo, eres un ególatra.

No te sobrevalores pensando que estás cambiando vidas vendiendo humo. Es cierto que todo obrero es digno de su salario, pero, si tu misión principal radica en seguir sumando a tu cuenta bancaria y no ayudas a nadie, eres más pobre de lo que crees. Haz la introspección, por ejemplo: ¿A cuántas personas de manera desinteresada ayudaste el año pasado?

Si sales por la calle y alguien te pide agua o comida y en tu mente dices esa persona está así porque se lo buscó, estás mal. No importa si tienes razón (pueda que la tengas), pero el orden de los factores no altera el producto. Tiene hambre y tu deber como el buen ser humano que dices ser, es ayudarle si tienes la forma. Se llama empatía.

Al final no nos llevamos nada y por dinero que tengas, o por bonito que te creas, tus días en este planeta están contados. Así que sé feliz, pero trabaja la empatía, marca la diferencia en este mundo egoísta. Si revisas, tienes mucho por dar.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General

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