El mártir que llevan dentro

Luis Carlos Rojas García

“A mí me gustaría que lo que yo digo ahora no valga solo para hoy, sino que valga para mañana, para un año, dos años, cinco años, diez años. No repetirlo, sino que lo que he dicho hoy, valga para muchos años”, (Jaime Garzón).

Jaime Garzón es tal vez el referente más grande del periodismo crítico y aguerrido de Colombia; se puede decir además que es el ejemplo a seguir de toda esta nueva ola de periodistas que utilizan el humor para hacer sátira política y crítica social. Jaime es recordado por su gran sentido del humor y, sobre todo, por su nivel intelectual que se manifestaba a la hora de hablar. Tenía tanto estilo que desarmaba a cualquiera. Había tanta coherencia en su discurso que lo ponía a uno a pensar. Eso sin contar su capacidad histriónica para crear personajes que nos hacían morir de la risa, aunque definitivamente muchos no entendieron que no se trataba de reír y ya, había algo más.

Ahora bien, ¡Quac! El Noticero que Jaime, junto a Diego León Hoyos, conformaron en 1995 y que se transmitía por Canal 1 de Inravisión, es el trabajo más recordado por cientos de colombianos; de hecho, es una suerte de modelo para estos periodistas digitales que vemos hoy en día en las redes; incluso, personajes como Pirry, La Pulla, Me dicen Wally, Hola soy Dani y otros, conservan la misma línea, buscan los mismos recursos y hasta repiten los mismos discursos. Lo que en el tiempo de Jaime era toda una novedad, ahora es más y más de lo mismo.

No estoy diciendo que no sean buenos en lo que hacen, lo que digo es que estamos saturados con los mismos formatos. Sin embargo, debo decir que la copia y pegue de los antes nombrados, a excepción de Pirry, son entretenidos y conservan una llamativa estética, tanto en la fotografía, el trabajo de edición y el discurso. Cosa que no pasa con aquellos “periodistas” prensa libre, que creen que a punta de madrazo limpio rompen los esquemas. Y no es que no puedan utilizar malas palabras, no, lo que sucede es que hasta para eso hay que tener estilo.

Para completar estos plagios y falta de creatividad, he visto por ahí a más de uno que pareciera sueña ser el sucesor de Garzón, y ahora no me digan que no existen porque uno los ve dentro y fuera del país haciendo el show del perseguido. No desconozco que la profesión del periodismo en un país como Colombia es extremadamente riesgosa, ya que no es un secreto que la mayor parte de los trabajadores del gremio se han convertido en unos auténticos lameculos y ni qué decir de lo que significa no estar de acuerdo con el oscuro gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Es abrumador pensar en lo que deben vivir los buenos periodistas al denunciar la corrupción, las masacres y los abusos de unos y otros. La preocupación por sus familias, su trabajo y hasta sus vidas.

No obstante, no deja de causarme hilaridad ver y escuchar a más de un personajillo por ahí diciendo que los van a desaparecer, que los están persiguiendo, que el mismo Uribe los va a matar, pero, cuando uno revisa con detalle todo hace parte de una propaganda ridícula, una publicidad mal hecha o un simple afán de sacar el mártir que llevan dentro y aquí me refiero a tanto gente reconocida como los que no lo son.

Es obvio que desconocer una denuncia de este estilo en un país como el nuestro es una sentencia de muerte, pero, utilizar la misma para fines personales es tan bajo como la misma corrupción o cualquier acción delincuencial. El periodismo actual atraviesa por un mal momento, entre el comportamiento de vieja chismosa del gobierno y credibilidad de los periodistas no hay de dónde agarrar. De ahí que uno ya no sabe quién dice la verdad, cuáles son sus verdaderas intenciones o si lo que realmente quieren es informar o desinformar, a lo mejor por aquella frase que dice: “confunde y reinarás”.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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