El pelo que le hacía falta a la sopa

Luis Carlos Rojas García

Coronavirus, el pan diario de cada día, el único tema de conversación de grandes y chicos. Atrás quedaron los contenidos relacionados con la corrupción del país, el calentamiento global, la contaminación, los incendios, la extinción de animales, el asesinato de líderes sociales, el hambre, la desnutrición, los problemas de la educación, los robos de los bancos, el paupérrimo salario mínimo, la salud y demás. De hecho, este último asunto, el de la salud, es quizás el más complejo, llegando al punto de romantizar la muerte de profesionales del gremio por la irrisoria protección con la que cuentan los mismos, lo anterior sin mencionar la forma como los están estigmatizando y atacando por el simple hecho de arriesgar sus vidas para ayudarnos. ¡Y luego se quejan porque vienen del extranjero para llevárselos!

A lo anterior se suma la campaña putrefacta de los estafadores de la fe quienes ahora no solo salen a pedir consignaciones para salvarnos del Coronavirus, sino que además se inventan cada cosa que se les viene a la cabeza: como depositar las riendas del virus a la virgen del agarradero, al santo cachón o en el caso más irrisorio, buscar un pelo en la biblia para luego cocinarlo y tomar, literalmente, agua de pelo bíblico.

Si bien es cierto, Colombia es reconocida como el país del sagrado corazón de Jesús en donde a punta de oraciones y comparendos religiosos la gente se recupera de cualquier enfermedad o trastorno mental, eso incluye pandemias y suicidios, también es cierto que resulta indignante ver cómo juegan con la fe de las personas. Por supuesto que cada quien es libre de creer en lo que quiera, eso es respetable, pero, desde el gobierno nacional en adelante, sin dejar de lado a otros farsantes, se están aprovechando de dichas convicciones para seguir enriqueciéndose y no hay quién los detenga porque es lo que más de uno quiere creer y acepta como si se tratase de una santa voluntad así en el cielo como en la tierra.

Por esta razón, sigo pensando que la fragilidad en la que se encuentra la sociedad mundial, porque no es solo la colombiana, es realmente preocupante. Sobre todo, porque cientos de personas en medio de su desespero están dispuestas a todo, absolutamente a todo con tal de encontrar una supuesta cura, y eso no es bueno, no es saludable; y aquí no estamos hablando de la manera cómo se llevan el dinero con promesas falsas, no, aquí nos referimos a una verdadera enfermedad que se basa en la desinformación y en el miedo, así como del fomento de la ignorancia que para estos personajes sin escrúpulos es la gallina, el ganso o el avestruz de los huevos de oro, no importa el ave ni el tamaño, lo que importa es tener al pueblo sometido en sus ficciones y sus intereses personales, al punto de que, si mañana sale un charlatán y dice que la cura se da caminando por las cataratas del Niágara no ha de faltar quien lo haga a ojo cerrado o, si les dicen que el pelo que le hacía falta a la sopa es el pelo que todo lo cura más de uno se lo va a tragar entero.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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