El sabor colombiano

Luis Carlos Rojas García

Afuera, es afuera en donde, quienes amamos realmente a nuestra tierra independientemente de todos los problemas que tengamos por culpa de la politiquería, la corrupción y la apatía de la gente, decimos que somos orgullosamente colombianos y defendemos a nuestra tierra de cualquier habladuría que en el imaginario de esta gente pueda llegar a existir.

Es afuera en donde un tamal con chocolate batido con molinillo de madera sabe mejor. Es afuera en donde los colores de nuestra bandera dibujados en algún trozo de madera, en una camiseta, una gorra o una porcelana, nos llena el corazón de emoción.

Sí, es afuera en donde el sabor colombiano se anhela, como se anhela el abrazo y el beso de una madre que dedica sus oraciones por el bienestar de sus hijos. Es aquí o más allá, a kilómetros de distancia, en donde quienes amamos a nuestra tierra, comprendemos que un dólar no significa la felicidad y que, en nuestra lengua materna, nuestras creencias y nuestros dichos, hay alegría de verdad.

Incluso, quienes despotrican del país, encuentran regocijo cuando tienen la oportunidad de interactuar con personas que hablan su mismo idioma, porque no se puede negar que causa desespero e indignación cuando una persona no sabe el idioma nativo del lugar a donde ha llegado a vivir y tiene que enfrentar al mismo para poderse comunicar.

Entonces: “El que no quiere a su patria no quiere a su madre”, dice la canción y es verdad. Estos países del extranjero están plagados de gente que olvidaron de dónde vinieron. Los mismos que denigran de esa tierra sagrada, la cual, por culpa de unos cuantos, se ha bañado en llanto y sangre, pero, eso no le quita lo que es, el verdadero paraíso. La tierra de los amaneceres hermosos, de los atardeceres de colores, de la música folclórica y de la gente amable que está dispuesta a ayudar.

Me refiero a la tierra de las navidades y años nuevos llenos de música y alegría, dejando de lado las malas situaciones por supuesto, porque no las voy a ocultar. Sin embargo, hoy hago referencia a esa tierra de las visitas de la familia los domingos, de los días festivos, de los viajes a otros lugares solo para cambiar de clima sin tener que esperar a que termine una estación. La misma tierra en donde uno puede, con todo y pobreza, darse un gustico en el chuzo de la esquina para disfrutar de una arepita rellena, un chorizo o una empanadita con ají, aunque en algún tiempo intentaron jodernos por comprar empanada callejera y ahora nos quieran joder poniendo IVA hasta en el café cuando es una bebida esencial.

Como sea, no estoy idealización a mi patria, las cosas como son. No obstante, Colombia no es tan mala o tan perversa como la quieren hacer ver. Tampoco es cierto que Colombia sea solo drogas o asesinatos o que el colombiano sea malo o tramposo; existe la otra Colombia para los que no saben todavía en dónde viven o de dónde es que llegaron.

Pueda que sea difícil de entender esta dicotomía de amar al país estando fuera del mismo. Entonces debo decir que, todo radica en la manera cómo me dediqué a vivir en esa Colombia llena de necesidades y situaciones difíciles. Sí, muchos como yo, porque no soy el único, nos dedicamos a recorrerla, a viajar por ella, a conocerla con más profundidad, a verla con los ojos de turista y, sobre todo, a hacer de esa vida precaria, unas eternas vacaciones.

Tal vez esa es la razón que me motiva a seguir amando a mi tierra y a pensar que algún día regresaré para vivirla un poco más y al final, morir en ella, si la vida así me lo permite.

Mientras tanto, no dejaré de sentirme orgulloso cada vez que cumpla mi labor, que haga bien mi trabajo como lo hacía en mi país y me llenaré de emoción cada vez que pueda tener un pedacito de mi tierra junto a mí, no importa cuántos dólares tenga que pagar, no importa que tan solo se trate de un desayuno con chocolate y tamal.

Me sentiré enormemente orgulloso cada vez que escuche mi Himno Nacional, un Bambuco, una Guabina y citaré hasta el cansancio a los grandes cuando diga: “Pa’ mí Colombia primero, la de mi taita y mi mama”, “y no hay otra tierra como esta, como esta mejor”.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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