En las redes de las redes

Luis Carlos Rojas García

«Cuando un producto es gratis, el producto eres tú», (Alguien, en algún momento).

Conocí la red social Facebook hace más de diez años. Al principio, como le suele suceder a muchos, me sentí atraído por el simple hecho de poder mostrar, escribir, criticar, comentar etc. Entonces, poco a poco fui cayendo en ese imaginario que la red nos ofrece y convertí, sin querer queriendo, a Facebook en parte de mi rutina diaria.

Tiempo después y en el ejercicio, tanto de la docencia como el periodismo, comencé a nadar más profundo en estas aguas turbulentas de la red. Posteriormente, llegaron otras redes que me fueron enmarañando más y más. Una vorágine electrónica que nos traga lentamente y si nos descuidamos no nos deja salir.

No puedo decir con exactitud cuántas horas de mi vida gasté conectado en las redes sociales, pero, sé que fueron bastante. Eso sin contar los otros medios de comunicación que salieron a la par y que, aunque nos han ayudado a estar dizque más cerca de los nuestros, también nos han alejado. Me refiero a WhatsApp, Messenger y otros.

Ahora bien, a partir de una investigación sobre los efectos de las redes, la publicidad y la manera como manipulan nuestro pensamiento a partir de una serie de técnicas y teorías psicológicas, hace un par de meses decidí hacer un experimento que consistía en cerrar de una vez por todas mis redes sociales sin importar todas las publicaciones, los recuerdos entre otras cosas.

Lo decidí primero, porque el tráfico de datos en las redes es abrumador y aquí no estamos hablando de una teoría de conspiración. Segundo, porque me di cuenta que hacía parte de los miles de personas que gastan su tiempo en dichas redes. Tercero, quería saber si tenía alguna clase de adicción como la que suele generar la internet en las personas; además, quería ver qué tan cierto era ese círculo de amistades que solía tener en dichas redes.

Pues bien, uno de los primeros resultados fue que, luego de un par de semanas de haber cerrado mis cuentas, ni siquiera mi familia se había dado por enterada de mi desaparición en las redes. También pude comprobar que no tengo tantos amigos como pensaba y, lo mejor de todo, que no tengo una adicción hacía ninguna de las redes que manejaba.

Por otro lado, comprobé que es posible vivir sin estar conectado. Dicho en otras palabras, fue todo un proceso de desintoxicación y, aunque muchos no lo crean o no lo quieran creer, el efecto de las redes es tan adictivo como cualquier otra droga.

No voy a entrar en detalles, pero, sí quiero compartir el tráiler un documental de Netflix que se titula: El dilema de las redes sociales.

Un trabajo sorprendente, pero a la vez abrumador y no es para menos; escuchar y ver a los mismos trabajadores de Google, Facebook, Twitter, Instagram entre otros, diciendo cosas como que no le permiten tener a sus hijos dispositivos y mucho menos cuentas en redes sociales, causa espanto. Escuchar a uno de los creadores de YouTube, por ejemplo, recomendándonos que no le permitamos a YouTube seleccionar nuestra música o que tengamos cuidado con los historiales es para tomarse en serio el asunto. Incluso, que los creadores de parte del diseño de Facebook nos digan que tengamos cuidado con los me gusta o las etiquetas en las fotos nos dejan sin palabras y con muchas dudas.

Entonces, como dice alguno de los protagonistas del documental: “esta no es una pelea justa”, menos cuando la gente piensa que las redes son solo para saber el cumpleaños de alguien o para ver vídeos de mascotas.

En resumidas cuentas, es recomendable que estemos atentos a la manera cómo nos manipulan a través de redes sociales y aplicaciones. Esto se ha salido de control desde hace rato y cambiarlo es casi imposible porque no se trata solamente de los servidores, estamos hablando de la humanidad entera que ahora traga más entero que antes. No se trata que todo el mundo corra a cerrar sus redes o de satanizar a la internet, no; pero, si es necesario hacer un verdadero balance de lo que estamos haciendo con las mismas o mejor, de lo que estamos permitiendo que nos hagan a nosotros y a nuestros hijos, a nuestra economía, a nuestra familia, a nuestra sociedad y, sobre todo, a nuestro futuro. Esto no es una película de ciencia ficción, estamos en las redes de las redes y es la realidad.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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