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La bondad, esencia del científico M. Patarroyo

En la ciencia alcanzar el éxito por el éxito no tiene ningún sentido, ninguna satisfacción si esa acción no tiene por objeto el servicio, la bondad, porque de lo contrario el hacedor sentirá un inmenso vacío y así bajo este principio y por algo más de medio siglo, el científico Manuel Elkin Patarroyo Murillo, quien falleció este nueve de enero de 2025, se dedicó a la investigación y búsqueda de soluciones preventivas contra algunas de las enfermedades que por siglos han azotado a la humanidad.

El doctor Manuel Elkin Patarroyo Murillo, es el colombiano más reconocido en el campo científico internacional por haber desarrollado hacia 1986-1987 la primera vacuna sintética contra la malaria, clasificada como la SPf66, que donó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para su gratuita distribución y que inicialmente tuvo prometedores resultados, pero luego los ensayos en África no fueron satisfactorios, lo que llevó a este perseverante  tolimense a insistir en su reformulación, mientras que sus pares en todo el mundo también seguían concentrados en sus trabajos para derrotar esta enfermedad que genera más de 200 millones de casos clínicos al año, con un elevado porcentaje en el continente negro.

El científico Patarroyo y su equipo también realizaron investigaciones sobre otras graves dolencias como la lepra, la tuberculosis y la aftosa.

En 1987 tuve el honor de dialogar y entrevistar al doctor Manuel Elkin Patarroyo Murillo, momento en el que iniciaba su ascenso a la cúspide de la fama y el reconocimiento mundial. Me pareció un hombre sencillo, humilde, de lenguaje entendible, con sentido del humor, amante de su familia y realmente interesado en la humanidad y sus problemas patológicos. Defensor de su trabajo y sus ideas, así como conciso y respetuoso con sus contradictores.

Ese año de 1987 Acopi Tolima lo declaró el “Tolimense del Año”, uno de los cientos de galardones que obtuvo de diversas instituciones del mundo, entre ellos 29 doctorados honoris causa, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1994, el Premio de la Fundación León Bernard que le otorgó la OMS en 1995, el Premio Nacional de las Ciencias de Colombia en cuatro oportunidades, el Premio Internacional Latinoamericano en Neumología en 1990 y el Premio a la Excelencia en la Investigación Latinoamericana de la Academia Nobel de Suecia.

Nació en Ataco, un humilde municipio del sur del Tolima: “pese a la violencia de esos años yo le debo a Ataco lo que soy, porque tuve una niñez feliz”, era un pueblo de “calles polvorientas, no sucias, porque en nuestros pueblos no hay mugre, sino calles sin pavimentar, sin carros que hicieran temer a los padres por la vida de los hijos”.

A los cinco años yo ya sabía que no iba a ser médico, sino investigador. Algo cayó en mis manos. ¿Algo pasó, algo vi y, por más que escarbo en el san alejo de la memoria no encuentro qué? Y desde ahí en adelante no pensé en nada distinto. Nunca jamás quise ser médico, cirujano o economista. Era una idea fija”, hablaba acerca de  aquella vocación que lo llevó a ese valioso trabajo por la humanidad.

Sobre sus inicios en la investigación, afirmó que “en 1964 empezó estando haciendo primero de medicina. Fue en el hospital San Juan de Dios en endocrinología y con Emilio Yunis. Pero el trabajo formal en pleno arranca en 1966 con la Fundación Rockefeller en Bogotá”.

Respecto a sus éxitos, el científico, expresaba: “no hay satisfacción más grande que el contribuir a resolver los males de la humanidad. Eso lo deja a uno pleno” y en cuanto a los cambios que se generan en la esencia del hombre por el poder y la fama, Manuel Elkin Patarroyo argumentaba que “al igual que a toda persona me gusta, pero no es una cosa que me trasnoche realmente«.

Desde entonces Patarroyo tenía muy claro su objetivo, inamovible por la ciencia, así como los alcances y limitaciones del poder, hasta el punto de rechazar el ofrecimiento de viceministro de salud que le hizo el presidente Turbay Ayala y de ministro que le planteó Belisario Betancur.

Cuando el presidente Betancur le hizo la oferta del Ministerio, el científico Patarroyo agradeció, pero él esperaba apoyo gubernamental para la investigación, no un cargo. Al comenzar a justificar la negativa al ofrecimiento burocrático se le salió el “ah, pero es que…” a lo que Belisario le salió al paso: “pero… ¿qué… muy malo?”

Manuel Elkin Patarroyo Murillo siguió con su valiosa tarea de investigación desde la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia y llevando con humildad ese prestigio internacional que lo catapultó como el colombiano más universal en el campo de la investigación y la ciencia, dejando “esa estela de bondad en sus acciones» y fiel a su palabra se mantuvo “hasta el instante mismo en el cual no quede un solo aliento, luchando por esas metas e ideales que mis padres desde niño me inculcaron”.

Paz en la tumba de este tolimense universal que hoy pasa a la galería de los grandes hombres que lucharon por la humanidad.

Por: Miguel Salavarrieta Marín

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