La historia nos habló de un Bogotazo pero le temo a un Colombiazo

Imagen: CNN.

Con lo de la última portada del pasquín llamado Semana, otrora medio más importante de Colombia, se evidenció el terrible desespero de la vetusta y rancia clase política que nos gobierna. El culpar a Gustavo Petro, del problema del país solo desnuda la impotencia del uribismo, que ha tenido que recurrir al periodismo prepago y a las autoentrevistas con imaginarios medios internacionales. Nada más patético.

No es para menos. Ellos saben que Petro, les gana de lejos en cualquier escenario y que no les irá nada bien en un eventual gobierno de la Colombia Humana. Es por eso que harán lo posible y lo imposible para que esto no suceda. Aclaro, que no tengo la fe absoluta que el senador sea la solución para todos los problemas de este país (bastantes que sí son), ni siquiera sé si el remedio resulte peor que la enfermedad. No obstante, tiene el beneficio de la duda y por lo menos es quien encarna el cambio que pide a gritos millones de almas en las calles.

Algo que me parece inverosímil en esta coyuntura, es ver que en un país que le dijo NO al plebiscito por la paz, este asustado del caos absoluto que reina. Para algunos pelmazos que se autocalifican como: «gente de bien» esta situación de protesta e inconformidad es nueva. Nada más mentiroso. Esta República se construyó en un baño de sangre de principio a fin. Parece que la palabra paz fuera ajena a nuestra idiosincrasia.

Si se revisa la historia desde la Colonia, La Emancipación, La Gran Colombia, La Nueva –Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y la Republica de Colombia, esta última con sus dos constituciones, a esta nación, la han acompañado guerras civiles por doquier. Interesante estudiar las confrontaciones entre Centralistas y Federalistas, la Guerra del Cauca, La Guerra de los Supremos, La Guerra Civil de 1851, la de 1876, la Guerra de los Mil Días, La Violencia que derivó en el conflicto armado interno de este país. ¿Nuevo? negar esta historia es ser un simple ignorante.

Lamentablemente, la historia republicana ha tenido un sello beligerante por divergencias partidistas, ideológicas y de lucha de clases. Ningún derecho, léase bien: se ha ganado, ni en chocolatadas, ni en pijamadas. Tampoco con dialéctica, ni mayéutica. Sería interesante que muchos “gomelos” citadinos, se pusieran a estudiar por ejemplo: ¿Cómo se logró el voto popular en el país? ¿Cuándo se abolió la esclavitud y la pena de muerte? ¿Desde cuándo la mujer vota? ¿Cuándo y por qué nacieron los sindicatos? Estos yupis ¿será que piensan que los derechos se consiguieron jugando a la Lleva o al Escondite?

Por tomar un simple ejemplo, cuando el país cayó en la Regeneración, en la hegemonía conservadora en que se escribió la Constitución de 1886, Colombia volvió al Medioevo y se devolvió un siglo. Muchos ciudadanos de pensamiento liberal decidieron enfrentar el aparato militar, al gobierno y a la Iglesia. El resultado de esa época es que inició el Siglo XX con la separación de Panamá y los historiadores más optimistas hablan hasta de 300 mil muertos en especial con la Guerra de los Mil Días.

Imagen: Noticias Caracol.

Nos trasladamos a la mitad del siglo XX, y en plena hegemonía Liberal, las divisiones entre los ortodoxos del partido rojo, permitieron el regreso al poder de los conservadores (lo recuperaron en 1930 con Olaya Herrera). Sin embargo, no contaban con una tercería y que el inconformismo del pueblo lo encarnaría un hombre de estirpe humilde y sin abolengo, llamado, Jorge Eliecer Gaitán.

No cabe duda que Gaitán, un liberal de izquierda, y opositor de los demagogos de su propia colectividad sería el presidente de Colombia, quien reemplazaría al conservador, Ospina Pérez. A las masas que lo apoyaban no la detenía nadie, ni siquiera el fraude electoral se podía contemplar, por la avasalladora victoria. Nadie duda que a Gaitán, lo mató la oligarquía bipartidista de Colombia, con el apoyo de organismos del estado gringo. Sabían que de haber sido mandatario se convertiría en una amenaza para los más poderosos.

El nueve de abril de 1948, asesinaron al caudillo liberal y con el magnicidio se inició una nueva etapa oscura para la nación. La denominada Violencia, manchó de sangre todo el territorio colombiano. Liberales y conservadores se mataron, con el auspicio y la indiferencia de muchas instituciones incluyendo la Iglesia. Muchos escuchamos esas historias verídicas de horror de la propia boca de los abuelos. De ahí nacieron las guerrillas con las que aún lidiamos en el presente.

Imagen: BCC Mundo.

Creo que muchos pensaron que esta vorágine no tocaría las grandes urbes, Craso error señores. En la denominada época de la Violencia más de dos millones de desplazados se instalaron en los centros poblados en un país con un promedio de 12 millones de habitantes en ese momento. Ahora las ciudades concentran el porcentaje más alto de colombianos el cual ha crecido en más de un 400 por ciento. Con la gravedad que poco a poco se pasó de una especie de Feudalismo a un Capitalismo voraz, en donde hay mucha fuerza de trabajo produciendo capital para pocas manos. Lo peor, la excesiva oferta, permitió los abusos, el crecimiento del desempleo, la informalidad y de ñapa la delincuencia.

Los que pedían bala desde Starbucks, desde Cine Colombia o desde el bar de moda, ahora si les tocará sacar a flote su valentía. Es de miedo, claro. La mayoría de los que protestan nada tienen que perder, les han robado hasta sus ilusiones. ¿Qué pasará? Es difuso. Es fácil entender que el grueso del país olvidado se cansó y está dispuesto a llegar a donde le llegue el agua. Que hay delincuentes y aprovechan la coyuntura, si así es. Que grupos infiltrados extremistas de derecha e izquierda, pescan en río revuelto, sin lugar a dudas. Sin embargo, esto no deslegitima los millones de colombianos hastiados de comer tanta quina.

La indiferencia, a la que nos hemos acostumbrado con el lema de miles: «voy por lo mío y el resto que se joda” tendrá que acabar. Aquí hay mucho vandalismo que debe desaparecer .Pero los que tienen desangrado al país no son los que destruyen los vidrios de un banco o los de Transmilenio (por supuesto son actos reprochables y repudiables). Los peores son los que se roban: el erario, la salud, los que pululan en las instituciones del Estado, los latifundistas con tierras improductivas que obtuvieron con sangre y fuego, los narcotraficantes, los religiosos que se hicieron millonarios con la fe, entre otros. Esos son bandidos, de cuello blanco.. El gen avivato pulula en Colombia, no tiene estrato y políticamente es ambidiestro.

Este descontento colectivo sí tiene precedentes. Lo que sucede es que la clase dirigente se confió y subestimaron a los niños que crecieron y ahora cuentan con cédula. Aunque no tienen armas de fuego si tienen fuego en el alma. No olviden algo, a Petro no lo hará presidente, los viejos ortodoxos, que no los cambia ni el cáncer. Es más no necesita de ellos. Esos millones de jóvenes inconformes y que ven su futuro incierto, lo llevarán al Palacio de Nariño. En efecto, también hay que reconocer que hubo un empujón inmenso del subpresidente, Duque. (Su mejor jefe de debate).

En la pasada contienda electoral anuncié con mucho tiempo de antelación, que Germán Vargas Llleras no sería presidente, ni Fajardo y menos Petro. Escribí en varias columnas que el uribismo volvería al poder con Iván Duque, eso no les gustó a muchos (gajes del oficio). En efecto, el periodista no escribe lo que otros quieren leer, plasma lo que investiga e intuye. Aunque la política es dinámica, y las tendencias pueden cambiar, veo muy difícil que puedan atajar a Petro por la vía electoral en esta coyuntura. Es lo que analizo con cabeza fría.

Esta ola multicolor, no creo que la detenga ni el fraude, la ventaja es muy grande y el descontento popular es suficiente para pedir a gritos un cambio. Entre más lo atacan más crece la indignación de las mayorías. Ni siquiera se dan cuenta, que le echan leña al fuego con cada meme en su contra. Tengo temor porque lo último que le puede pasar a este país es otro Bogotazo, que sería más un Colombiazo, de dimensiones colosales. Esto sí sería la hecatombe para toda la ciudadanía independiente de la ideología política que represente.

El panorama en Colombia, por estos meses está más incierto que nunca. No me queda más que decirle a mis coterráneos que debemos prepararnos para vivir una etapa en donde se pondrá a prueba: la valentía, la resiliencia y la solidaridad.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Comunicador Social
Esp. en Educación Cultura y Política y Docencia Universitaria.

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