Los amigos del maltrato

Luis Carlos Rojas García

Curioso, hace un par de años, no muy lejos de este siglo de las tecnologías y dizque la comunicación, existió algo que se llamaba la esclavitud o mejor, un negocio de trata de personas lo más aberrante. Por supuesto, hoy en día continúa, pero, en aquellos días era legal y, por increíble que parezca, unos y otros, en diferentes partes del mundo, la aceptaban.

Entonces, en los años 1600 y mucho tiempo después, se veía desfilar a comunidades afrodescendientes de un lado para el otro sin derecho de absolutamente nada. Eran víctimas de todo tipo de maltratos y abusos. De hecho, era “normal” que se les castigara, se les torturara y hasta se les asesinara por desobedecer las órdenes de sus amos.

Todo el mundo lo aceptaba, desde la iglesia hasta las amas de casa y los hijos de las amas de casa y los maridos y los abuelos, tíos y sobrinos de la casa ¡Todos! Entonces, era “normal” que, a esas niñas o niños, los visitara el señor de la casa y los abusara porque para eso estaban. Ni hablar de las mujeres a las que sometían hasta más no poder. Y a los hombres, bueno, a los hombres también les tenían lo suyo.

Así es, era “normal” que los utilizaran para todo tipo de vejámenes, los mismos que a veces vemos en las películas y decimos: ¡Oh Dios mío! ¡Qué horror! Sin embargo, después de que se acaba la película, el achante al descubrir lo mala que es la humanidad y que hacemos parte de ella, se nos pasa.

Ahora bien, si nos vamos de recorrido especial a través de la historia, nos podemos dar cuenta que no solo las comunidades afro han sufrido ese flagelo, también los asiáticos, los indígenas, los judíos y cientos de comunidades que contaron con la mala suerte de ser señalados por un grupo de salvajes que, en su momento y, aún hoy en día, se creyeron y se creen con el derecho de hacer lo que quieran con ellos o con quien se deje.

Pues bien, el tiempo pasa y la ignorancia sigue siendo la misma, no importa que tengamos toda esta tecnología al alcance de nuestras manos; no interesa que el conocimiento aparezca en la pantalla con solo un clic, un clic que nos permite revisar desde la educación, la religión, la ciencia, la psicología, la misma historia, temas oscuros o encontrar una simple receta de cocina.

Tal vez por eso, no asombra el hecho de que, en la actualidad, se habla del no maltrato a los niños y de una ley que les quiere proteger realmente y, de manera absurda, como aquellos que en su momento defendieron la esclavitud o los campos de concentración entre otros, salen los amigos del maltrato a mostrar su indignación.

Aquí es en donde uno comienza a preguntarse:

¿En serio somos tan ignorantes que no podemos pensar en educar a nuestros chicos de manera diferente al maltrato?

¿En verdad hablamos de gente de bien cuando nuestra sociedad está llena de problemas relacionados con esa infancia llena de abusos?

¿En qué momento nos volvimos tan masoquistas?

¿Qué hizo que aprendimos a amar más al golpe que al diálogo y la confianza?

¿Qué fue lo que nos pasó que nos cuesta tanto comprender que los gritos y el maltrato solo causan más violencia en una sociedad llena de violencia y con un comportamiento más que animal?

Definitivamente somos una sociedad enferma, una sociedad ignorante que critica las cosas buenas y acepta las malas. Una sociedad dispuesta a maltratar, golpear y a justificar todas las malas acciones. Somos una sociedad que aprendió a odiar en el seno del hogar. Una sociedad que aprendió a gritar porque según parece no hay otra manera. Lo que es peor, somos una sociedad que confunde el respeto con el abuso y el poder y se burla del amor, la comprensión, el diálogo y la ternura y que es incapaz de perdonar y perdonarse.

Lo curioso es que, así como vemos y sentimos el calentamiento global y no hacemos nada, asimismo podemos observar a los hogares destruidos, a niños y niñas que desde pequeños comienzan a consumir drogas o alcohol, a consumir pornografía y a practicar la misma. Vemos, y somos especialistas en burlarnos de todos esos chicos y chicas incapaces de solucionar problemas y los llamamos de cristal.

Somos incapaces de reflexionar que esos niños y niñas que en su momento han violado, abusado, golpeado, humillado y hasta asesinado a otros tiene a unos responsables, como cuando se llevan a los niños a la guerrilla o a cualquier fuerza paramilitar.

En verdad nos parece tan “normal” hasta que nos toca el turno a nosotros, como con los falsos positivos ¿Se acuerdan?

En resumidas cuentas, y siguiendo con esas preguntas sin respuesta porque nos cuesta responder y preferimos evitar:

¿No les parece curioso que esa generación que tanto criticamos o que esos niños que estamos criando son nuestros hijos y están siendo formados por la gente de la generación del rejo y la chancla?

Raro ¿No? Y si la chancla, el golpe, el grito y maltrato nos hizo tan geniales:

¿Por qué esos chicos que estamos criando a imagen y semejanza nuestra andan metidos en tantos problemas?

¿Será que debemos golpearlos más fuerte para que dejen la pendejada? Porque me imagino que desarrollar líos psicológicos relacionados con la crianza es pura y física pendejada.

Como sea, por todo esto y mucho más de lo que hablan los expertos en el cuento y, aunque no se necesita ser un genio, vale la pena hacer una pregunta más:

¿No les parece que algo hicimos o estamos haciendo mal?

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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