Luis Carlos

Una sociedad perfecta

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse
de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”.
(Ray Bradbury en Fahrenheit 451).

Como vivimos en los tiempos de la censura y el de calladitos nos vemos más bonitos, les voy a contar un cuento que pareciera no es tan cuento, pero, que es un cuento al final de cuentas.

Había una vez un lugar mágico y maravilloso al que muchos llamaban el paraíso y a donde todos querían llegar porque, está bien decirlo, el paraíso no era más que una sociedad perfecta.

En este lugar no existía el hambre, el desempleo, la violencia, el maltrato, la discriminación, el maltrato animal, la desigualdad, la violencia contra el hombre y la mujer, la violación de niños y niñas, ni mucho menos problemas con el tema de la salud y su cobertura.

En este lugar, no corría la sangre de los inocentes, no había mafias ni policías corruptas, nadie robaba carros, ni bicicletas, ni nada.

En este lugar la gente no sufría de depresión, no eran esclavos de un sistema diseñado para ser esclavos y todas las leyes que legislaban los gobernantes para su pueblo, eran recibidas como un bálsamo de sanación y salvación.

En verdad, era un lugar más que hermoso, en donde la calidad de vida no tenía límites, tanto así, que las noticias que se veían en la prensa escrita, en la televisiva o en la radial, tenían que ver con cosas como: (El gatito que se atoró en un árbol; la abuelita que necesitó ayuda para cruzar la calle; el niño que dejó rodar su pelota en la propiedad de algún vecino) y así cada situación del día a día que, por más insignificante que parezca para nosotros que vivimos al otro lado de la censura, era bastante importante para esta sociedad perfecta.

Como sea, lugar tan hermoso no podía existir sobre la faz de ninguna tierra y así lo hacía ver la publicidad y el marketing que llegaba a cada rincón de este Meta-Universo creado para que los seres humanos que allí habitaban estuvieran en paz y armonía.

Por lo descrito anteriormente y millones de cosas más, tengo que contarles que las personas que estaban afuera de este lugar se gastaban hasta lo que no tenían con tal de llegar allí; incluso, preferían dejar sus vidas reales, su familia, su crecimiento personal, sus empresas, su variedad de comida, su cultura y hasta su idioma, con tal de cruzar esa frontera que los llevaba directamente a la tierra prometida.

Así fue este paraíso por muchos, muchos años, hasta que un día, llegó algo a ese Meta-Universo algo que conocemos como tecnología y con la tecnología las redes sociales que lógicamente no son extrañas para ustedes y para mí.

Como era de esperarse, los gobernantes de esta sociedad perfecta tuvieron que aceptar los cambios que el resto del Meta-Universo afrontaba y sin querer queriendo dejaron entrar a este Caballo de Troya que, una vez adentro, les dio el poder a los habitantes de mostrar cosas que para nadie se había atrevido a mostrar.

Por ejemplo, a través de estas redes del demonio, la gente dentro de esta sociedad perfecta, comenzó a evidenciar cosas como: la violencia contra el hombre y la mujer, los niños, los ancianos y los animales, los crímenes, la falta de oportunidades, los robos, la discriminación, el racismo, la problemáticas con la legalización de las drogas, las mafias, la corrupción, los problemas de depresión de una gran parte de la población, los suicidios, el gran problema con el sistema de salud, y muchas cosas más que simplemente desmontaba toda esa pantomima creada para atraer no solo a los turistas, sino también a cientos de seres humanos que con su sangre, sudor y lágrimas ayudaban a mantener a flote la economía del reino maravilloso.

Por esta razón, los gobernantes, al mejor estilo de la novela Fahrenheit 451 crearon un par le leyes reales, con sus artículos y demás, para tener el poder absoluto de controlar el contenido que las personas de la sociedad perfecta consumían en las redes y por supuesto, lo que subían en las mismas, porque se dieron cuenta que, si no hacían eso, la gente iba a ser infeliz, estarían tristes y no valía la pena que su mundo perfecto se desmoronara por culpa de unos cuantos malagradecidos.

Fue así como los gobernantes, padres amorosos de la patria, lograron salvar al pueblo de este maravilloso paraíso y la armonía, la paz, el amor y las bondades regresaron al lugar, aunque muchos siguieran viviendo el mismo infierno todo esto porque… cada cosa que ocurre: ¡Es un hecho Sam!

Por: Luis Carlos Rojas García Kaell de Cerpa, escritor.

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