Votos heredados

Delfines en la política Tolimense

Delfines en la política tolimense

El ‘delfinazgo’ en la política tolimense es más común de lo que se cree. Y los electores lo aceptan sin rechistar.

La frase popular que reza “el poder seduce”, cae como anillo al dedo a muchos políticos del Tolima, que por varios motivos han dado el paso al costado o siguen manejando los hilos tras bambalinas, pero que quieren perpetuar sus apellidos cediendo el poder a sus hijos y otros familiares, tal como ocurre en la forma de gobierno denominada monarquía.

Sus retiros de la arena política obedecen al desgaste propio de carreras no muy prósperas, a la pérdida de la palabra y el buen nombre, a escándalos, procesos y carcelazos; y en otros casos al inexorable paso del tiempo.

Acá resumiremos algunos casos de los Flipper’s locales (delfín reconocido por una famosa serie de televisión de los años 80).

Los Ramos

A diferencia de otras familias, no hubo uno sino dos delfines. Se trata de Luis Fernando y Andrey, hijos de Gustavo Ramos Arjona. Los dos han sido concejales gracias a las influencias políticas de su padre y mentor, y porque conservaban la influencia y poder en la firma transportadora Expreso Ibagué.

Son pocos y contados los aciertos, y sus carreras han sido cuestionadas por varios escándalos que los salpicaron en el pasado. Ahora les va bien contratando, conjugando con fortuna el aforismo según el cual “no son elegibles, pero sí nombrables”.

Los Barreto

En este caso no se trata de un hijo, es el sobrino del exgobernador Óscar Barreto, Miguel Ángel, quien gracias al poder político y económico, es actualmente representante a la Cámara. Su corta carrera ha brillado gracias al apoyo de su familia, pues los méritos para mostrar son pocos para la dignidad que hoy ocupa.

Los García

Este delfín criado en Francia, llegó a la ciudad de Ibagué, enviado por su padre Carlos García, quien duramente golpeado por la acusación de la parapolítica, de la cual salió airoso, perdió terreno electoral. Pierre García, es hoy representante a la Cámara y trabaja para que su padre ‘resucite’ y logre ser gobernador.

Sin embargo, la curul se la debe al trabajo que por años ha realizado su progenitor en el departamento, y al milagroso endoso de votos del uribismo. Sus méritos también son inferiores.

candidatos familia

La casa Martínez Rosales

Golpeado por una condena que le impide de por vida lanzarse a procesos electorales, Emilio Martínez Rosales impulsó el nombre de su hermana Rosmery, como su reemplazo en la Cámara de Representantes. Tras varios años en la Cámara baja, Rosmery dio el salto al Senado, perdiendo la curul de la Cámara que ostentaba el movimiento Cambio Radical. Como si fuera poco, una hija de la senadora aspira a ser concejal de la ciudad de Bogotá.

Los Hincapié

Para el llamado ‘Liberal de Verdad’, Marco Emilio Hincapié, resurgir de las cenizas electorales se ha convertido en toda una obsesión. Luego de su derrota en la pasada consulta Liberal para la Alcaldía de Ibagué (2011) trajo desde Bogotá, a su hijo, también llamado Marco Emilio, para que retome las banderas de su movimiento ya deteriorado por las divisiones y la larga ausencia.

El joven de 27 años que solía visitar en vacaciones la capital tolimense, es la carta de su padre para el Concejo municipal. Durante la inscripción de la lista el calor le jugó una mala pasada, pues la falta de costumbre le inflamó el rostro.

Los Hincapié se distraen de las actividades públicas y políticas, dedicándose al rentable negocio de la construcción en la capital tolimense.

Los Jaramillo

Hijos del exministro Alfonso Jaramillo Salazar, Guillermo Alfonso y Mauricio, también hacen parte de este selecto grupo. El paso por el ministerio de su padre y los altos cargos de su madre, Hilda Martínez, les sirvieron de plataforma de lanzamiento para sus carreras políticas. Los hermanos Jaramillo, han ocupado curules en el Congreso. Guillermo ha sido gobernador y durante muchos años han influido en la política regional.

Con más bemoles que obras y ejecutorias para mostrar, hoy aspiran a la Alcaldía de Ibagué (Guillermo Alfonso) y a la Gobernación (Mauricio).

Tal vez el fenómeno ocurra porque las mismas estructuras políticas están diseñadas para no dejar que nuevas figuras asciendan a la cúspide.

O quizá porque los grandes barones electorales temen que si ceden el poder a un particular, no haya forma de controlarlo o de hacerle cumplir los compromisos, lo que sí puede garantizar un familiar que ocupe el inmenso caudal de contratos, presupuestos y burocracia; lo que a final, sigue primando en la política tolimense, por encima de propuestas, ideales, y otras consideraciones más altruistas.