25 años de la avalancha del 95

La casa afectada en la que vivía el autor y su familia. Imagen: suministrada.

Una de las más violentas tempestades que han caído sobre Ibagué, dejó al menos 800 familias afectadas en la Comuna Dos.

¡Santa Bárbara bendita! Repetía continuamente en una reacción timorata la dueña del inquilinato donde a mis cinco años vivía con mi familia, mientras la avalancha bajaba arrastrando vehículos, armarios, ramas, animales y enseres.

Recuerdo que ese mediodía fue grisáceo y observaba yo por una hendija de mi cuarto la carpintería que funcionaba en el sótano de la pensión, situada en toda la curva del barrio Belencito sobre la carrera Trece. Tres horas después quedó ese taller sepultado por agua, lodo, árboles y basura.

Las casas que colindan con la cancha de baloncesto de Belencito y que están por debajo del nivel de la carretera quedaron tapadas por el alud, los vecinos arrancaban las tejas de Eternit para observar si había personas atrapadas con el lodo al cuello.

Gracias al llamado de los vecinos del costado izquierdo del inquilinato donde hoy funciona una cancha sintética, logramos mi madre y mi pequeño hermano evacuar del vetusto inmueble de pesada puerta de hierro café que a la fecha se conserva intacto con la nomenclatura 11 – 69.

Esa casona sirvió gracias a su ubicación como especie de ‘rompe ola’ para repeler el rigor de la avalancha, por eso muchos decían que la quebrada podía tumbar el inmueble y nos imploraron salir de allí.

Mi mamá se armó de valor y me alzó junto con mi hermano que tenía entonces tres años y corrió hacia la calle 10 con carrera Séptima, donde en una tienda al pedir el teléfono prestado, se comunicó con mi papá que laboraba como cajero en el Banco Nacional del Comercio informándole de la situación.

Al cabo de 10 minutos mi padre llegó como un salvador a bordo de un taxi, nos abrazó, consoló y decidió llevarnos a donde una tía al barrio Yuldaima que nos brindó atención, cariño, abrigo. Allí permanecimos por espacio de dos semanas hospedados.

El jueves nueve de noviembre de 1995, se desbordaron debido a las fuertes lluvias las quebradas El Pañuelo y Chipalito, afectando a más de nueve barrios de la Comuna Dos de Ibagué afincados entorno a los cerros tutelares de Ibagué.

El alcalde de ese entonces, Álvaro Ramírez Gómez, desplazó toda la maquinaria pesada del municipio para ayudar a recoger los estragos causados, en culpa por la basura acumulada en los causes de los afluentes, la no existencia de una adecuada canalización y la construcción de invasiones muy cerca a las cárcavas.

Algunos politiqueros lograron hasta ser concejales de Ibagué aprovechándose de la situación, y visitando el sitio constantemente para ‘pescar en río revuelto’, y hacer bulla constante en los medios masivos de comunicación de la época.

Cinco mil damnificados y 800 familias con afectaciones en sus hogares fue el saldo final de esa dura tormenta asperjada en esta zona deprimida de la ciudad, después las siguientes alcaldías hicieron algunas inversiones en materia de infraestructura en los terrenos de alrededor de estas quebradas.

Cada año los viejos lugareños de la Comuna Dos recuerdan aquella oscura tarde que entristeció a Ibagué. El mes de noviembre es tenue, pasado por lluvias, frío y tormentas que nos envía la madre naturaleza, lo recuerda la canción November rain del grupo estadounidense Guns N’ Roses: «Así que se quieres amarme, entonces cariño no te contengas; simplemente terminaré caminando bajo la fría lluvia de noviembre«.

Por: Juan Felipe Solano V.
jfsolanovasquez@hotmail.com

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