Colombia la tóxica

Luis Carlos Rojas García

 

Si la palabra Colombia fuera masculina me referiría al tóxico, pero no lo es. Conocí a Colombia como muchos conocen a sus amores y en ella vi algo aparentemente diferente, al punto que, durante mucho tiempo, me dejé llevar por sus aromas y montañas, por sus ríos caudalosos y tierras húmedas, por su belleza y su cultura que parece salida de los libros del maestro Gabriel; pero, eso mismo le pasa a mucha gente cuando creen que han conocido al amor de su vida, cuando en realidad no saben con quién se están metiendo y Colombia, lo que tiene de bella lo tiene de tóxica.

A veces me pregunto: ¿Quién pudo hacerle tanto daño a Colombia como para que ahora quiera lastimar a unos y otros? Y la respuesta salta a la vista, a Colombia la jodió la corrupción y su gente, los gobiernos que la prostituyen a su antojo, que hacen con ella lo que quieren, los artistas que guardan silencio, la complicidad de la gran mayoría frente al fraude, el odio, el rencor, la falta de sentido común. A Colombia, la tóxica, la tienen jodida todas esas personas con o sin poder que siempre andan justificando sus malas mañas, que se atreven a agredir, violar, asesinar y encuentran en la ley un amparó, un refugio. La tienen mal los abusos policiales, la delincuencia común, los líderes asesinados, la gente desaparecida, y eso incluye a los testigos y, sobre todo, la impunidad.

Es increíble ver como cada quien, en su medida, arremete contra el país y por ende el país arremete contra los demás. Colombia no es tóxica porque sí, lo que pasa es que se acostumbró al maltrato y ahora eso es lo que ofrece, eso es lo que da. Colombia la tóxica se adiestró en dar soluciones con violencia y sangre; por si fuese poco, se instruyó en el arte de disfrazar todo, de montar circos para el entretenimiento y, como si no le faltara más detalles de ese estilo, Colombia la tóxica muestra solo lo que es necesario que se vea gracias a sus medios de desinformación; de esta manera los mismos de siempre harán siempre lo mismo y no hay quién diga lo contario.

Los días pasan y a mí me sigue doliendo Colombia, Colombia la tóxica, el país que llevo en el corazón; pero hoy por hoy soy consciente que ese amor es tal como puede llegar a ser una mala relación. Lo que sucede es que tenemos esa mala tendencia de romantizar cada crueldad, cada mal acto para no hacerle frente a la realidad; ponemos frases bonitas en los muros cuando hablamos de ella, nos inventamos mundos de colores con mariposas amarillas, y seguimos guardando silencio porque simplemente no somos capaces de reconocer que andamos jodidos.

¿Cómo querer regresar a nuestro terruño cuando sabemos que vamos a encontrar lo mismo y hasta peores cosas? Por todo esto no deja de ser triste y preocupante que nuestro país en vez de avanzar se queda estancado e irónicamente, sonriente, mientras debajo de sus pies corren ríos de sangre, mientras la desigualdad crece sin precedentes y la injusticia es la reina de la casa.

Colombia la tóxica, la misma que muchos amamos dentro y fuera, pero, que nos causa un gran malestar. Un país que lo sigue teniendo todo para ser el mejor del mundo, pero que se hunde en la miseria porque el problema de Colombia es no es más que la falta de actitud de su gente y por supuesto de sus dirigentes.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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