De los premios en el fútbol y otras realidades

Imagen: Futbolred.

A propósito de la situación que se desató en el Deportes Tolima.

Se ha suscitado un alboroto mediático por la pelea entre los jugadores del Deportes Tolima y su máximo accionista, Gabriel Camargo. El «florero de Llorente» lo de siempre, los famosos premios que se acuerdan si el equipo sale campeón. Casi todos los semestres es lo mismo.

La confrontación tiene en disputa a una mayoría que opina que los jugadores no pueden darle prelación a esto, y en honor al amor a la camiseta y al pundonor deportivo, deben entregar el alma en la cancha. Por otra parte, está un grupo más reducido y menos romántico, que piensa que los futbolistas son trabajadores que simplemente reclaman sus intereses particulares.

En primera medida si hablamos de la palabra pundonor, según su definición RAE, hace referencia a: «un sentimiento de dignidad personal que exige la atención y dedicación continua en una labor o profesión«. Ahí entraría una disyuntiva porque alguien podría decir verbigracia ¿es digno soportar el acoso laboral en honor a la deontología? O en el caso de los jugadores del D.T, ¿ son malos por exigir incentivos si logran salir campeones? ¿No es algo que a diario viven los ejecutivos de ventas?

Robert Kiyosaki, en su famoso libro ‘Padre rico, padre pobre’, hace referencia a que todos tenemos el derecho a exigir lo que sentimos que nos merecemos, rebelarnos y trabajar( pero de manera eficiente) para conseguirlo. Así, que si eres explotado, maltratado, humillado, en tu trabajo; es porque lo permitiste. Eso no nos da el derecho de criticar al que lucha por mejorar sus condiciones.

Muchas personas alegan que en sus empleos, les toca someterse a horarios inhumanos, a salarios miserables y a jefes caraduras. Dejémonos de mentiras, esto no se hace por pundonor, es por necesidad, por hambre. De tener otras posibilidades, más de uno mandaría al carajo a su patrón y a su infame trabajo.

Los jugadores de fútbol son bien remunerados y lo son porque en primera medida el negocio del fútbol es de ganancias millonarias (de buenas los que tuvieron el talento y la disciplina). Los clubes, que los contratan, también, lo hacen por negocio: dineros que reciben en el mercadeo de jugadores, taquillas, premios por logros por parte de la Conmebol, derechos de televisión, entre otros. Es un mercado jugoso que se afectó con la pandemia, pero que sigue vivito y siendo muy rentable; sobre todo en los clubes organizados. El Deportes Tolima, es uno de ellos.

Tener consideración con el bolsillo de Don Gabriel, es sufrir por el bolsillo de los banqueros, de los terratenientes, de los que tienen de sobra. Por esta razón, no me escandaliza que los jugadores exijan lo que creen que se merecen y tener parte del gran botín si logran conseguir la anhelada tercera estrella.

Nos hemos acostumbrado a pensar como conformistas, sumisos, asalariados. Creemos que reclamar, exigir y pedir parte de la tajada grande, es querer todo regalado. Con los cuentos de «Dios y Patria» nos venden el amor exacerbado por una bandera (algo que no tiene vida) y hasta muchos se matan con orgullo, por algo que no respira y lo peor, que no agradece.

¿Han visto ustedes los hijos de Santos, Uribe u otro expresidente ir a la guerra? Por supuesto que no. Ellos nos inoculan los embelecos, pero de carne de cañón mandan a soldados y policías de los estratos más bajos ¿Se han fijado que los que se matan por el escudo de un equipo de fútbol, son pueblo generalmente poco educado? Por eso nos venden muy fácil desde el Imperio Romano, el cuento de: «Pan y circo«.

Claro que nos haría muy felices si gana el equipo que representa nuestra región. Es por eso que lo debemos apoyar y aplaudir, sobre todo si dan el mayor esfuerzo durante los 180 minutos de la gran final. No obstante, no hay que perder la cabeza y olvidar lo más importante, así a muchos hinchas energúmenos no les guste. La vida vale más que un equipo de fútbol y el periodismo debe tener por encima del fanatismo, la responsabilidad social.

Superado el tema de los famosos premios e incentivos, no queda sino esperar el pitazo inicial y disfrutar de este mágico deporte llamado fútbol. Si perdemos, la vida sigue, y si ganamos debemos disfrutar con la responsabilidad que exige la coyuntura. El Covid no se ha ido.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Comunicador Social
Especialista en Educación, Cultura y política, Docencia Universitaria

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