El terrorismo: la guerra del siglo XXI

Rafael Aguja.

Rafael Aguja.

Hasta el día de hoy no contábamos con una definición unificada, a nivel del derecho internacional sobre lo que es y debe entenderse por terrorismo, por lo difuso del asunto y por las dificultades implícitas que conlleva cualquier precisión jurídica.

Para muchos, el terrorismo es delito político porque política es su motivación y para otros es simplemente actos de violencia que engendran terror o intimidación en la población de un Estado, en cuanto se amenaza, especialmente la vida y la libertad de la población civil.

En Colombia el terrorismo es delito contra la seguridad pública que puede consumarse de manera simple (art. 343 del Código Penal) o de manera agravada (art. 344, ibídem). En todo caso se considera terrorismo todo proceder que provoque o que mantenga en estado de zozobra o terror a la población o a una parte de la misma, mediante estragos que afecten, así sea por simple exposición al peligro, la vida, la integridad física y la libertad de las personas o afecta a edificaciones, medios de comunicación, de transporte y de procesamiento o conducción de fluidos o fuerzas motrices.

En la sentencia de casación penal SP-13290-2014 (Rad. 40.401) de la honorable Corte Suprema de Justicia se hizo un estudio completo, a la luz de lo dispuesto en el Código Penal y de la propia línea jurisprudencial de dicha corporación sobre la forma como se estructura el delito de terrorismo entre nosotros, reiterando, eso sí, que se trata de un delito común contra la seguridad pública, sin connotaciones políticas de ninguna naturaleza.

Cuando explicábamos, en tiempos recientes, los delitos contra la seguridad pública a los estudiantes de derecho de la Universidad Cooperativa Seccional de Ibagué, siempre pusimos de presente que el terrorismo, considerado globalmente, así esta situación no se ajustara al ordenamiento jurídico nacional, cobraba forma de la siguiente manera: (i) de estado contra estado; (ii) de estado contra particulares; (iii) de particulares contra estado; (iv) de particulares contra particulares; y, (v) civilización contra civilización. Dábamos ejemplos precisos y concretos, la mayoría tomados de la historia, sobre cómo estas formas de terrorismo se han utilizado y, desafortunadamente, se siguen utilizando.

Lo cierto es que el terrorismo, utilizado como método de guerra se puso de presente y cobró entidad a partir de la Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial se perfeccionó, con gravísimas consecuencias, pues cómo puede asegurarse que la devastación y bombardeos indiscriminados por los aliados contra poblaciones inermes de Alemania no puedan dársele el calificativo de terrorismo y menos aún el estreno de la bomba atómica de los Estados Unidos contra poblaciones inermes del Japón, por solo citar dos circunstancias que, histórica y conceptualmente, no se pueden ocultar.
¿Cuáles son, entonces, las razones por las cuales grupos islámicos del medio oriente se han dado a la tarea de atentar, mediante actos de terrorismo, contra países de occidente, en especial europeos?

Algunos investigadores sociales e inclusive historiadores han empezado a señalar, muy tímidamente, que se trata precisamente de una forma de guerra de la civilización oriental islámica, teológica y monárquica contra la civilización occidental cristiana y democrática. Pero no se puede perder de vista, que anotan que las raíces de lo que está sucediendo en estos momentos es una retaliación, posiblemente tardía, pero evidente de lo que occidente le hizo a las civilizaciones islámicas en las cruzadas y la forma arbitraria como procedieron contra las mismas al culminar las guerras mundiales.

En todo caso, también, se afirma que el terrorismo es la forma como se desarrolla y se seguirá desarrollando la tercera guerra mundial de la cual no nos podremos sustraer por la gran influencia de la inmigración de los países islámicos que ha llegado hasta nuestro país, y que siguen llegando o tomándolo como espacio de tránsito, como ya sucedió con una de las terroristas de los atentados en Francia.

Grave la cosa pero cierta y que nos sirva esta situación como punto de reflexión y sino que lo diga desde la eternidad Saladino.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.

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