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Los nativos que hablan y escriben mal el español, aseguran hablar perfecto el inglés ¿ridículo?

A propósito de las burlas en redes sociales sobre el deficiente inglés del presidente Petro, me surgen varias inquietudes. Sin lugar a dudas, conocer el idioma universal es una ventaja inmensa mientras se tenga pleno dominio de la lengua madre y la persona sea estructurada por lo menos en un área del saber.

Los idiomas son convenciones. Es decir son signos arbitrarios en donde no hay relación alguna entre el significante y su significado. La palabra «mesa» en español o » table» en  inglés no se parece en nada al objeto que representa. Es semiología de Saussure.

La ciencia de la lingüística nos argumenta que son cuatro sus niveles. El fonético-fonológico, el léxico-semántico, el morfo-sintáctico y el pragmático. El primero va encaminado al pronunciamiento correcto de las palabras y el uso de los fonemas que las componen. El segundo  hace alusión a los significados y el tercero a las raíces de las que se estructuran las palabras. Alguien que no conozca estos niveles, simplemente no puede tener dominio de su idioma.

Ni que decir del cuarto nivel: el pragmático. Para dominarlo no basta con conocer la parte gramatical de una lengua. El ser humano es cultural por naturaleza y dependiendo de su entorno se crean: dialectos, jergas, modismos y palabras que son comunes en sitios determinados.

Por poner un ejemplo.  Viví en México cerca de ocho meses y compartiendo con los «manitos» el mismo idioma, sus diferencias pragmáticas son grandes. Para ellos las gaseosas son refrescos, las habichuelas son ejotes y a las arvejas se les dice chícharos. Jamás diga en México que saldrá a coger un taxi porque creerán que le quiere hacer el amor al vehículo. Si ellos tienen calentura no es que estén con ganas de tener sexo. Todo lo contrario, están enfermos y tienen fiebre.

No se necesita salir de Colombia para captar las divergencias culturales entre una región u otra. Cuando alguien del interior viaja a la Costa Atlántica, se encuentra con un mundo diferente. En ese orden de ideas, me surge un interrogante: ¿Cómo alguien que no conoce su idioma, jamás lee un libro en español, sin ortografía y habla con gazapos; puede asegurar que tiene un inglés perfecto?

¡El Pacífico es la otra Costa de Colombia!

Según el erudito Miguel de Zubiría Samper, para comprender la lectura a plenitud se necesita pasar por seis niveles. Los estudios arrojan que la mayoría apenas llegan al primer nivel (lectura fonética) en donde ni siquiera se reconocen palabras, sino apenas sílabas. Es por eso que la mayoría lee pero no comprende. No obstante, muchos que ni leen aseguran dominar plenamente otro idioma. Discutible por donde se le vea.

Desde la pragmática, un colombiano, debería estar más familiarizado con su contexto antes de conocer la lengua del vecino. Quizás, si alguno desde pequeño ha vivido y estudiado en Estados Unidos,  tendrá algo de autoridad moral mientras sea una persona que por sus acciones evidencie amor al conocimiento.  Lamentablemente, la mayoría de los que alardean de ser políglotas producirían apenas risa en Cervantes con su español.

A mí  lo que menos me preocupa del presidente Petro es que no domine el inglés.  Su antecesor se defendía mejor en el idioma universal pero, la decodificación de sus palabras fueron risibles para la mayoría. Babosadas se pueden decir en cualquier idioma, y lo que más debería importarnos es la profundidad de un discurso y no la lengua en que se haga.

Dejo en claro, que no estoy diciendo con mi posición que hablar otro idioma no es valioso. En un mundo globalizado defenderse en el: inglés, el francés y hasta el mandarín será una ventaja inmensa sobre los demás. Obviamente, mientras el políglota le funcione la cabeza y no sea un simple traductor.

Usted puede ser un desconocido que habla seis idiomas o un intelectual que domina a plenitud su lengua madre. Gabo, nuestro Nobel de Literatura, fue uno de estos últimos. Aunque se defendía en algunas lenguas extranjeras, puso en lo más alto ante el mundo la suya.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Editor General.

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