Necesitamos partidos políticos con sentido social

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Los partidos políticos se caracterizan como modalidades que la Carta Política prevé para garantizar a todos los ciudadanos la participación política en la definición de la agenda estatal. La función de estos corresponde a la de canalizar y comunicar al Gobierno las exigencias, apoyos u oposiciones, en especial las de las minorías. Es por ello que estos partidos (igual que los movimientos políticos) son considerados como pilares fundamentales de la democracia en la medida en que son una aplicación de participación política.

Tales partidos deben contar con un buen liderazgo (o con buenos líderes), pues es a través de él que permite manejar la gobernabilidad (o la gobernanza, para algunos) del país. Y se coincide por quienes afirman que el liderazgo está llamado siempre a aplicar el sentido social, así como la realización de un compromiso ético, en aras de alcanzar el progreso de toda la sociedad; en otras palabras, que se preocupen por el bienestar social, al cumplimiento de los fines esenciales estatales.

No obstante a lo anterior, se ha identificado que algunos partidos y movimientos políticos han entrado en declive, están obviando el sentido (o servicio) social, donde sus líderes ya no están trabajando por y para el pueblo, sino para fines particulares. Y eso hace que dificulte el cumplimiento adecuado de los fines esenciales del Estado, entre otros, la promoción de prosperidad general, la garantía de los principios, derechos y deberes señalados en la Constitución Política, la facilitación de participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política y cultural.

De esta manera, insistimos que los partidos políticos (aplicable también a los movimientos políticos) sean creados como auténticos impulsores de la participación ciudadana y como medios para presentar alternativas de mejoras y bienestar de la sociedad, y no para fines particulares. Estos deben poseer un alto servicio (y sentido) social así como afianzar un compromiso ético; de no ser así, la democracia y la sociedad entrarían en decaimiento, y eso hay evitarlo.

Por: Paula Yulieth Arana Guaraca, Universidad del Tolima.

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