Trabajo sucio

Luis Carlos Rojas García

La historia de Colombia es una suerte de novela negra, en donde ocurren todo tipo de crímenes, la única diferencia es que pocas veces se pueden resolver. Mejor dicho, la historia de Colombia es la antilógica de cualquier historia de justicia que se haya podido escribir. En esta novela los asesinos andan sueltos, los buenos tras las rejas o muertos, y los malos siempre ganan con el apoyo indiscutible de la ley.

Realmente, no recuerdo, desde que tengo uso de razón, que Colombia haya tenido un tiempo de verdadera calma. Y si nos vamos a revisar la historia de la misma nos daremos cuenta que nunca la ha tenido. La sangre ha corrido sin parar desde el mismo mal llamado descubrimiento. Ahora bien, podríamos decir que así es en todos los países del mundo; sin embargo, en la actualidad y pese a sus historias violentas, muchos países han logrado etapas de calma verdadera, espacios en donde las personas se han sumergido en una rutina agradable, sin pensar que los van a asesinar, que sus hijos no van a regresar del colegio, que no tienen la manera de conseguir un empleo o darles estudio a los suyos y todas esas cosas que afectan a países como el nuestro.

No estoy diciendo que en lugares así no existan casos de violencia, existen, pero resultan ser casos realmente extraordinarios, y no es para menos, en donde haya seres humanos encontraremos siempre sangre y violencia.

No obstante, Colombia sigue siendo la marginal del paseo, la victima protagonista de la novela negra en donde la podemos observar sumergida en la injusticia, rodeada de maleantes, drogas, sangre, mucha sangre. Cada semana hay una situación diferente, más brutal, más corrupta, más imposible de creer; cada semana la corrupción del gobierno actual se supera en el descaro y la desfachatez. Un gobierno que tiene a un bobo de presidente pero que no es más que la fachada perfecta para delinquir sin límites.

Sin lugar a dudas, desde la minimización de los narcos y la desmovilización de la guerrilla, aunque eso no quiera decir que no existan guerrillas y narcos actualmente, la corrupción quedó al descubierto. Los autores materiales han tenido que salir a hacer el trabajo sucio y lo que es peor, ya ni siquiera se esfuerzan por tapar sus huellas.

Por si fuese poco, las payasadas están a la orden del día, los comentarios sin sentido, criticar al país vecino de la misma barbarie que se está cometiendo en el país, como por ejemplo que la policía salga a disparar a la población después de quedar en evidencia la manera brutal como asesinaron a un ciudadano y el que Duque haga acto de presencia y brinde su apoyo total a quienes asesinan antes que a las víctimas, es un verdadero despropósito, es un acto, no solo de crueldad, sino también de vergüenza y ofensa con todas esas personas que han muerto en manos de un grupo que, si bien es cierto no son todos, hoy por hoy podemos decir que sí son una gran mayoría los que extorsionan, violan, roban, asesinan, secuestran, desaparecen gente y más; desde los altos mandos hasta los rasos, han demostrado que los malos son más.

Sin embargo, y como lo dice la frase popular, esto no es otra cosa que una guerra de pueblo contra pueblo. Sí, los policías son hijos, hermanos, padres, esposos, pero también lo son esas personas que han asesinado indiscriminadamente y sin el más mínimo remordimiento porque saben que la ley los ampara, tal como ocurre con el ejército o con cualquier fuerza militar, mas, si están bajo las ordenes de algún superior o del mismo gobierno.

Nada de lo anterior es nuevo, lo que sucede, como ya lo expresé, es que antes había un grupo de malhechores muy famosos que hacían el trabajo de quienes lo hacen hoy en día. Tal vez por eso no sobra recomendar a todos los que viven en Colombia que tengan cuidado porque, si no los asesinan la delincuencia común, el Ejército o el Gobierno, los asesinará la Policía y esto, por más que parezca una novela negra, es la perversa realidad.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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