¿Usted prestaría a sus hijos para la guerra?

Luis Carlos Rojas García

Cuando nuestro mentiroso e hipócrita Premio Nobel de paz colombiano hizo esta pregunta frente a millones de personas en el marco del proceso de paz, un nudo en la garganta se apretó en más de uno y no era para menos.

Aunque la historia de Colombia ha estado teñida de sangre y violencia y, aunque mucha gente en nuestro país pareciera que disfruta haciendo la guerra, dentro y fuera del mismo, imaginar a unos niños cargando un arma, disparando, asesinando y siendo asesinados, tomó un matiz diferente.

No cabe duda que la propaganda hizo lo suyo, y no fue porque no estuviésemos acostumbrados a ver tal barbarie, no; dentro de esta historia de violencia y sangre los niños y jóvenes han jugado un papel espantoso. Han sido protagonistas en el arte de la guerra siendo los mismos utilizados hasta más no poder para cometer todo tipo de crímenes y, por supuesto, las violentos no han escatimado recursos para manipularlos como objetos sexuales, someterlos a vejámenes inimaginables, torturas, descuartizamientos y más, mucho más.

Pues bien, volviendo al asunto de aquella propaganda que causó escozor y reflexión en unos y otros, la verdad es que, aunque todo el mundo, quiero pensar que así fue, dijeron que no prestarían a sus hijos para la guerra por imaginarse que se habla única y exclusivamente de la guerra armada, la gran mayoría de la gente del país y del mundo, sí prestan a sus hijos para la guerra:

¿Cómo así?

Así es, si la historia de Colombia ha estado teñida de sangre y violencia, la historia de la niñez y la juventud en la humanidad ha sido realmente catastrófica. Pero, para no ponernos tan teóricos, nos vamos a situar en los asuntos cotidianos en donde definitivamente nos podemos dar cuenta que las personas sí prestan a sus hijos para la guerra.

1. Usted presta a sus hijos para la guerra cuando su vida es un conflicto constante y no es capaz de revisarse por dentro para saber qué es lo que le está pasando. Cuando usted piensa que todo lo que hace está bien y no tiene la capacidad de recapacitar frente a sus actos. Cuando usted no busca ayuda y utiliza a sus hijos de espada y escudo.

2. Usted presta a sus hijos para la guerra cuando le hace la guerra al vecino, al amigo, al conocido y enseña a sus hijos que así debe de ser.

3. Los presta cuando los utiliza para mentir o para que le sirvan de testigos de cosas que ni ellos mismos entienden.

4. Los presta para la guerra cuando los mete en medio de su conflicto familiar.

5. Los presta para la guerra cuando los utiliza para que estén en contra de su pareja, bien sea un padre natural, madre, padrastro o novio.

6. Los presta para la guerra cuando les enseña que la violencia, el golpe, la chancla, el grito, el calvazo, el madrazo y el insulto son normales y son formas de amar: (te golpeo porque soy tu mamá o tu papá y te amo).

7. Los presta para la guerra cuando les enseña a que sean injustos, incluso, con las personas que los han amado.

8. Usted presta a sus hijos para la guerra cuando en su discurso dice una cosa, pero, con sus acciones muestra otra.

9. Usted presta a sus hijos para la guerra cuando les enseña a pasar por encima de los demás. Ha ser egoístas y mezquinos, a no tener piedad, ni empatía con los de su propia casa.

10. Usted presta a sus hijos para la guerra cuando no les enseña a compartir, a dar un poco de lo que tienen; cuando no les enseña a ser agradecidos; cuando no les enseña el valor de la amistad, de la ayuda sin esperar nada a cambio y unos cuantos valores más que les permitirán ser realmente personas justas y buenas para la sociedad.

11. Simple y llanamente, usted presta a sus hijos para la guerra cuando no les enseña que una de las cosas realmente importantes de la vida es el amor y que está por encima de la guerra, la violencia y sus derivados.

En resumidas cuentas, podría enumerar muchas otras cosas ya que el listado es largo. No obstante, cerraré diciendo que nuestro problema, nuestro problema real, es seguir con los mismos patrones de conducta que trasmitimos a nuestros hijos y a su vez ellos replicarán entre los suyos. De ahí que no me canso de decir que la problemática que vivimos en nuestro país y en muchas partes de este planeta, recaen sobre nosotros como humanidad enferma y sensacionalista que no ve más allá de la emoción del momento. Entonces, ahora sí vale la pena preguntar:

¿Usted prestaría a sus hijos para la guerra?

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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