Barreto y Jaramillo, dos estilos pero un solo y claro objetivo

Miguel Salavarrieta

Miguel Salavarrieta

Son dos personas sin pereza, quienes desde su elección están trabajando porque son conscientes de que el cuatrienio que se inicia es histórico, es decisivo para la capital y el departamento teniendo en cuenta las inmensas dificultades en que encontraron sus territorios y la oportunidad de bienestar y progreso regional en que se debe convertir el posconflicto.

Naturalmente son personas diferentes, en cuyas personalidades y comportamientos no puedo ni debo meterme por respeto, pero digamos que son dos personajes para públicos distintos por la esencia doctrinaria de sus partidos de origen, pero que en el fondo, estoy seguro, piensan lo mismo y ello se refleja en lo que manifiestan, no como, ni donde, ni ante quienes, ni en que tono, ni como lo dicen, sino por la esencia de lo que expresan que es realmente lo que nos debe importar a los colombianos que habitamos en Ibagué y en todo el territorio tolimense.

He abordado este tema por varias razones, entre ellas por la falsa expectativa de una “pelea personal o institucional” que nunca se va a dar, pero sobre todo por aquellos, de cualquier orilla, que no les importa el Tolima, sino que su vocación es mal interpretar, mal informar, provocar y generar “ambientes raros” y dañinos en el público, cuando debemos es trabajar por la convivencia pacífica y el progreso del Tolima. Y aquí es cuando los líderes de opinión deben asumir también su responsabilidad social. Tuve el privilegio de trabajar muy cerca a los dos en sus ejercicios como gobernadores del departamento.

Con ellos recorrí el Tolima, primero como jefe de prensa y años después como director de Cultura, no fui confidente personal de ninguno, pero por mi cercanía laboral a los dos aprendí a conocer sus temperamentos, sus humanas reacciones en la cotidianidad y frente a todo aquello que implica vivir bajo serias amenazas de grupos al margen de la ley, pero sobre todo fui testigo de sus angustias, sus preocupaciones y su gran debilidad por el Tolima, su capital y sus habitantes.

Por eso algunos de quienes no conocen a estos dos importantes hombres “vaticinan” preocupantes choques con sus consecuencias sociales, pero en la práctica y en realidad no hay razón para que tal situación suceda, porque estos dos gobernantes no tienen ni voceros, ni intermediarios, ni mandan razones para evitar distorsiones. Son totalmente independientes y autónomos. Los dos tienen el más elevado concepto de la seriedad, la responsabilidad, el respeto y el compromiso con la región y sus gobernados, además que son poseedores de la absoluta claridad mental, constitucional y legal sobre sus reales orbitas de acción y sus obligaciones con la comunidad, sin olvidar sus anhelos de seguridad y la paz.

Y este pensamiento sobre los dos gobernantes y su inmediato accionar en conjunto lo ratifique en la tranquilidad de mi vieja casona en el Líbano, lejos del ruido y la emoción de las posesiones, al escuchar y repasar sus intervenciones y solo percibir el claro interés por la defensa de la región, el deseo de trabajar por el bienestar y la dignidad del ciudadano colombiano residente en Ibagué y el Tolima, totalmente alejados de concepciones partidistas o doctrinas de izquierda o de derecha. ¡Ah! que cuándo se van a sentar a hablar de lo que queremos escuchar, yo creo que muy pronto porque las circunstancias los llevará a la mesa del prospero diálogo, el consenso y la acción.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, comunicador social, periodista.

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