El ‘regreso’ de G.A. Jaramillo: más de lo mismo

Imagen: tomada de Twitter.

El veterano dirigente político vuelve a Ibagué a pescar en río revuelto.

Y se le vio tomándose la foto para firmar la revocatoria del alcalde Andrés Fabián Hurtado, que avanza por parte del comité promotor, en distintos puntos de la capital tolimense.

A Duque lo maneja Uribe y a Hurtado lo maneja otro señor que vive allá en el Cañón del Combeima. Lo que estamos juzgando en (sic) una mafia que se creó aquí para beneficiar a unos cuantos”, dijo el curtido dirigente político quien ajusta más de 70 años y quien opinaba de manera adversa de las revocatorias, justo cuando hubo voces de querer revocar su mandato en la Alcaldía 2016 – 2019.

Lo que hay que recordar es que Guillermo Alfonso Jaramillo ni siquiera reside en Ibagué, no paga un arriendo, no cancela servicios públicos, no hace mercado, mucho menos tributa a las arcas estatales con el pago de impuesto predial o similares.

En 2015, tampoco estaba viviendo en la capital tolimense: ocupaba sus días haciendo cirugías de corazón a niños en la ciudad de Bucaramanga. Pero como él mismo admitió, se desplazó a Ibagué por pocos días, vino y miró el panorama político, se lanzó a la Alcaldía, derrotando a Ricardo Ferro y a Jhon Esper Toledo, este último el candidato del presidiario y corrupto Luis H. Rodríguez.

Ya en ejercicio del cargo, un Jaramillo alcalde confesaba que la candidatura ni siquiera fue idea suya: se la propusieron en la Junta Directiva del periódico El Nuevo Día, conformada en ese entonces por los denominados ‘cacaos’ o empresarios acaudalados de la región, los mismos que tenían presencia en Fenalco, la Andi y otros gremios del Tolima.

Guillermo Alfonso hizo chipa con su hermano Mauricio Jaramillo, él también, curtido gamonal del partido Liberal. Le entregó varias cuotas burocráticas: la Secretaría de Desarrollo Rural, con César Picón a la cabeza; y la joya de la corona, la gerencia del Ibal para Alberto Girón, un cuestionado ingeniero al que ni siquiera las mismas huestes del médico Jaramillo quisieron apoyar cuando le dio el embeleco de suceder a su jefe en la Alcaldía.

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De esa manera los hermanos Jaramillo se pagaban por debajo de la mesa la jugada que hicieron en las elecciones de 2015: aunque el liberalismo tenía candidato, Rubén Darío Rodríguez, este terminó solo, con pocos votos, viendo cómo el grueso de los militantes rojos inflaban la aspiración de Guillermo Alfonso para hacerlo triunfar en los comicios, por orden sin duda, del gamonal Mauricio Jaramillo quien ahora va por la Gobernación del Tolima en 2023.

El partido Liberal en pleno. Imagen: suministrada.

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La misma jugada la repetirán los hermanos Jaramillo Martínez en 2023, señalan fuentes cercanas a la casa política que vino de Líbano: tendrán candidato (algún incauto) del partido Liberal u otro movimiento, Guillermo Alfonso se lanza (si Petro no gana y le da un cargo con el que sueña, ministro de Salud y así igualar a su fallecido padre); y por debajo de la mesa se van, ‘trapichan’ al pendejo que salga en el tarjetón con el supuesto apoyo del grupo y pasa por el medio el galeno progresista, izquierdista, de la Colombia Humana.

Tampoco hay que olvidar las tramoyas y jugadas de trapecista de los hermanos Guillermo Alfonso y Mauricio Jaramillo Martínez para conseguir favores e influencia. En 2004 y pese a que el partido Liberal no apoyaba la reelección de Álvaro Uribe, Mauricio Jaramillo, con credencial de senador, pidió una licencia de seis meses, entró su reemplazo en la lista y votó para darle continuidad al gobierno de la Seguridad Democrática.

Desde entonces se sospecha que el pago de ese favor hacia el uribismo, fue el otorgamiento de un consulado y la inclusión en la carrera diplomática, de Martha Lucía Jaramillo Martínez, hermana de los dirigentes tolimenses y quien continúa en la burocracia estatal.

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Hace pocas semanas se informó en medios y redes sociales sobre el nombramiento de un hijo de Guillermo Alfonso Jaramillo, en el gobierno de Iván Duque, lo que ideológicamente no es justificable ni entendible desde ningún punto de vista, salvo el de puestero, manzanillo o politiquero redomado.

Tampoco se deben olvidar las relaciones económicas y políticas que sostuvo Mauricio Jaramillo con el recientemente condenado Orlando Arciniegas (preso por el robo de dineros de los Juegos Nacionales), hasta el punto que Mauricio hizo nombrar al corrupto abogado en el comité que decidía licitaciones en la EDAT, en el gobierno de Luis Carlos Delgado Peñón. Arciniegas hizo parte, no hay que olvidarlo, por largo periodo, del partido Liberal, en calidad de secretario.

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Y el mismo Mauricio Jaramillo se benefició con los escombros y remoción de tierras de las fallidas obras de los Juegos Nacionales 2015, cuando ‘cañaron’ con que sí se iban a hacer los escenarios y donde el jefe del partido Liberal valorizó enormemente unos lotes de su propiedad que luego terminó vendiendo a Gabriel Camargo, el dueño del Deportes Tolima.

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Para colmo de males, la madre del clan, una mujer a la que debe tenérsele toda la consideración por su edad y su condición de dama, devenga una mullida pensión de excongresista que debe ser pagada en un alto porcentaje ¡por las limosnas que recoge una parroquia del municipio de Líbano!

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Es cierto que en la Alcaldía de Guillermo Alfonso Jaramillo se realizaron obras, hubo inclusión social hacia población de víctimas, Lgbti, desplazados, madres cabeza de familia, y que se veía un alcalde presente en barriadas y plazas de mercado.

Pero también hubo clientelismo, descarada participación en política, burocracia entregada a cuestionados dirigentes como Emilio Martínez, Carlos García o el mismo Mauricio Jaramillo. Por ejemplo: con la contratación de la Secretaría de Gobierno se hizo diputado Marco E. Hincapié, hijo del otrora liberal y ahora devenido en petrista, Marco Emilio Hincapié senior.

O amigos de Jaramillo como Gonzalo Parra (investigado por compra de votos) pusieron recursos estatales y contratistas de la Alcaldía para apuntalar la candidatura y hacer concejal a Julián Serna Ruiz, conocido en Ibagué con el mote de ‘Pokemon’, un badulaque que ni suena ni truena en el ya de por sí desprestigiado Concejo de la capital tolimense.

El mismo Guillermo Alfonso arrastra un proceso penal vigente por el contrato amañado del alumbrado navideño de 2016. Habrá que estar atentos, ahora que se avecinan nuevos procesos electorales, para ver si la misma obra teatral se vuelve a escenificar con idénticos o nuevos ‘actores’ de la vieja política que consiste en engañar, aprovecharse de las coyunturas, hacer acuerdos por debajo de la mesa, ser protagonistas de la frase según la cual «el fin justifica los medios«.

Estamos cansados en Ibagué y el Tolima de «los mismos con las mismas«, como dijera en su momento Jorge Eliécer Gaitán.

Este es un editorial del director de A la luz Pública.

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