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Salud mental en época de pandemia

Desde el 2014, fui diagnosticado con TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada). Aunque tengo absolutamente controlado el padecimiento, no deja de ser una dura experiencia que me invitó a profundizar como periodista sobre las enfermedades mentales. De hecho, es algo que debería conocer por lo menos en lo básico, todas las personas. Así muchos no estarían, creyendo que todo el que sufre estas dolencias, necesita un manicomio como en las películas de Hollywood.

Aunque parezca absurdo, en pleno siglo XXI, todavía hay mucho tabú al respecto, y demasiada ignorancia frente al tema. Hasta el siglo XX, se practicaban shock insulínicos a los pacientes depresivos, como lo describe en la novela, Veronika decide morir, el autor brasilero, Paulo Coelho. Peor aún, algunos médicos practicaban lobotomías, con consecuencias funestas como las que tuvo la hermana, del expresidente asesinado de los Estados Unidos, John F. Kennedy, a quien su propio padre se la autorizó. (https://www.bbc.com/mundo/noticias-47654774

Existe mucha gente que le cuesta trabajo entender que el cerebro es un órgano del cuerpo, al igual que el corazón, el hígado, o los riñones. Por supuesto, lo que está vivo se enferma y lo peor, sino se le da tratamiento, se cronifica.

Generalmente, la ansiedad y la depresión, cuando llegan no avisan, o cuando avisan ya se enquistaron en el ser. Las personas que sufren este tipo de trastornos, coinciden en que no tienen claro cuándo sus vidas cambiaron y no volvieron a ser los mismos. Sin embargo, es prudente dejar en claro que las enfermedades mentales, no se deben confundir con los episodios pasajeros de estrés o tristeza, que hacen parte de la vida. Entonces: ¿Cómo poder diferenciar lo uno de lo otro?

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Cuando el estrés se ha prolongado por mucho tiempo, el cerebro empieza a tener un desgaste lento y consistente. Esto hace que neurotransmisores como la serotonina u otras, no estén en los niveles adecuados y desencadenen varios síntomas que confunden al cuerpo. Es curioso, pero con la mayoría de personas que he hablado, que padecen un trastorno de depresión o de ansiedad, creían al inicio que tenían una enfermedad grave. Aparecen los pensamientos hipocondríacos.

Es común escuchar a personas diciendo que pensaban que les iba a dar un infarto, un derrame cerebral, que tenían un tumor, un cáncer, todo menos ansiedad. Los que han vivido o padecido un ataque de pánico, saben: qué es ir al infierno y volver. Es sentir, que la muerte te pisa los talones, así sólo sea una patraña de nuestro cerebro, que no sabe distinguir entre una amenaza real y una que le haga vivir el inconsciente. Lo onírico, por arte de magia se convierte en algo muy real para quien lo sufre. En los casos de los trastornos depresivos  es común perder el apetito, las ganas de socializar, de arreglarse, y de vivir (las causas pueden ser múltiples, las más comunes problemas económicos y rupturas afectivas).

Es claro que solo un profesional de la salud  (médico general, psiquiatra o psicólogo clínico) puede diagnosticar un trastorno de ansiedad, un cuadro de depresión o un trastorno obsesivo compulsivo. Lo razonable es que la persona con dudas, se haga chequeos físicos generales y descarte otros padecimientos. En el momento que se hace el diagnóstico, es común que se formule medicación y terapia cognitivo- conductual (las dos van de la mano).

Lo más común en este tipo de patologías, son los inhibidores de la recaptación de serotonina (sertralina, fluoxetina, entre otros). También el coctel lo componen las benzodiacepinas (clonazepam, alprazolam, entre otros). Estas últimas, si se prolongan en el tiempo producen seria dependencia. Es por eso que cualquier tratamiento debe ser formulado y supervisado por profesionales de la salud. Bajo ningún parámetro alguien debería automedicarse o permitir que alguien que no sea un experto, le diga que tomar.

Así como un corazón disfuncional puede terminar en una enfermedad coronaria o un infarto, un cerebro enfermo que se prolonga en el tiempo, puede acarrear problemas físicos y también potencializar los trastornos mentales. Después es común escuchar: no puedo creer que se haya matado, ¿por qué lo hizo? Muchas situaciones son predecibles. Caminando por la calle hay cientos de personas que pueden estar padeciendo problemas mentales (sin tratamiento) y eso es una bomba de tiempo. Todos los días vemos en las redes sociales o en los noticieros historias macabras de: suicidios, homicidios, feminicidios, intolerancias y muchas más. Lo más triste es que los gobiernos se siguen haciendo los de “la vista gorda” ante esta realidad.

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¿Se pueden prevenir estas patologías? Diría como respuesta que muchas cosas ayudan para evitar que aparezca el trastorno. Es fundamental una buena alimentación: muchas frutas y verduras, proteínas de calidad (pescados azules los mejores porque son fuentes de omega 3), los garbanzos (contienen triptófano, el aminoácido de la felicidad) y evitar la comida chatarra (en especial fritos, bebidas azucaradas y alimentos procesados).

En cuadros leves de ansiedad, sirve mucho las flores de bach, la valeriana, la pasiflora, la hierba de San Juan, la meditación y la espiritualidad. También ayuda evitar el alcohol, el cigarrillo y el café (este último el más adictivo y sabroso). El deporte moderado, también es muy beneficioso. Hablo de moderado porque nada que produzca obsesiones es saludable para el cuerpo. Una cosa es lo que se ve por fuera y otra es cómo estás por dentro. Algunos fisicoculturistas (no generalizo) sí que saben de esto. Tengo conocidos con depresión por los cambios hormonales severos, debido al uso de esteroides y de sustancias prohibidas.

Entre otras cosas, en ningún caso el encierro es bueno para la salud mental. El hombre es un ser sociable por naturaleza y es por esta razón que aparece la dualidad que vivimos en esta difícil coyuntura. El poco contacto social nos está llevando a la locura, pero la irresponsabilidad, nos conduce a la muerte ¿Qué hacer y cómo podemos blindarnos de los problemas mentales, viviendo la pandemia del Covid – 19?

Es difícil, pero los expertos nos dan algunos consejos para hacer más llevadera la situación. Siempre los buenos hábitos ayudan mucho para llevar una vida saludable en el tiempo libre. Digo libre porque el teletrabajo puede consumir más tiempo del reglamentario. No obstante, los libros, las buenas películas, los documentales, los juegos de mesa, el karaoke (cante o no cante), unas bandas elásticas para hacer ejercicio, un lazo para saltar y activarse de manera aeróbica.

Las videollamadas, el Zoom, el Google Meet, permiten las reuniones y el contacto social virtual. Todo esto ayuda y bastante.

Vacunarnos contra el covid19 es fundamental también. Sin embargo, es prudente recordar que sólo después de la segunda dosis y pasado varios días es posible su eficacia (se está hablando hasta de una tercera dosis). No debemos olvidar que la mascarilla, el alcohol y evitar las aglomeraciones sobre todo en espacios cerrados, hará parte de nuestra vida por varios meses más.

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Las familias (sobre todo, si son de una misma casa) deberían empezar a restablecer las salidas a campo abierto, y disfrutar del contacto con la naturaleza. No se debe seguir esperando una normalidad, como la que teníamos antes, debemos adaptarnos a esta nueva forma de vivir. Los científicos hablan que vienen más pandemias, así que sólo tenemos el ahora.

En mi experiencia de más de un lustro sufriendo un trastorno de ansiedad, les digo que el mejor antídoto contra esta enfermedad, es vivir una vida genuina y olvidar los estereotipos sociales. Disfrutar cada momento de nuestra existencia, sin las presiones que nos impone el sistema. La vida no es una competencia, ni una meta. La vida es un trayecto parecido al de una montaña rusa con altos y bajos. No hay un momento perfecto para ser feliz, ni se necesita ser millonario para serlo. De hecho, pobre es aquél que lo que tiene y es, no le alcanza para sentirse afortunado.

Aprendamos de los animales, que solo tienen el ahora. Ellos no están pensando, si lograron ciertas metas, o si han vivido fracasados, o si son exitosos. Viven lo mejor que pueden de acuerdo a sus circunstancias. Nadie por más afortunado  que se sienta ser, tiene el control total de su vida y tampoco la certeza de cuándo le vendrá su hora. Es por eso que una vida saludable en lo mental, requiere de paz interior, que es el principio de una genuina felicidad. De ahí lo importante, de no hacerle daño a nadie. Con remordimientos es imposible ser feliz.

Frente al tema del amor de pareja, es claro que nada que produzca obsesiones se puede calificar de amor saludable. Así lo profundiza, el psicoanalista alemán, Erich Fromm, en su reconocido libro, El arte de amar. Muchas personas por el miedo a la “separatidad” se aferran a su objeto de deseo, y al no poder tenerlo (ruptura) viene la angustia y la desesperación. Por supuesto, este dolor en algunas personas con patologías propias de la infancia (jamás tratadas) termina convirtiéndose en trastornos: obsesivos-compulsivos en la adultez. Es por eso vital afinar el discernimiento para ver más allá de la envoltura carnal a la hora de enamorarse.

Ser feliz no es algo emocional, no es desbordarse en carcajadas. Tener un propósito en la existencia, va más allá de llenarte de cosas materiales. Nunca olvidemos la diferencia monumental que existe entre nivel de vida y calidad de vida. La primera tiene que ver con tu poder adquisitivo: salarios, honorarios, propiedades, lujos. Calidad de vida va más enfocado en: alimentarse bien, dormir bien, tener tiempo para hacer lo que te gusta, disfrutar de tu familia y tener paz en tu interior. Sin la segunda, la primera no sirve de nada, o bueno sirve para que tarde o temprano tu organismo te pase cuenta de cobro. 

Les termino diciendo que ser feliz desde mi cosmovisión, es sentir que si abres los ojos en la mañana, tienes motivos de sobra para levantarte y agradecer. Si no los vuelves a abrir, aun así confías en que tienes esperanza. Muchas vidas en la oscuridad, se camuflan de felices. Es por eso que les dejo la frase del escritor, Henry Barbusse: “La sombra no existe, lo que tú llamas sombra, es la luz que no ves”. Nuestra tarea es buscar esa luz en el lugar correcto y no en lo efímero y banal de este mundo.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy

Comunicador Social

Esp. en Educación, cultura y política y Docencia universitaria.

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