Una Flor, que canta en la Tercera

 

Doña Flor Cantante

Crónica urbana de A la luz Pública.

Si usted pasa por la carrera Tercera de Ibagué y sigue los acordes de una guitarra, llega hasta donde Flor, una dama que le canta a los ibaguereños desde hace 40 años, es invidente pero conoce cada cuerda de su guitarra, su voz es fuerte y devela los gajes de su oficio.

Flor Moreno, de 66 años, todos los días, es dejada por su hija en este lugar,  se ubica cerca al Teatro Tolima; a su espalda paradójicamente un mural hecho en el 2010 por los maestros Leonidas Olave y Jorge González, que dibuja lo que a Flor tanto le hace falta, sus ojos.

Aunque Flor, asegura ser una mujer solitaria, tiene una compañera fiel: su guitarra. Comienza su día acompañada de una silla y un tarro que amarra a su instrumento con una moneda de doscientos pesos como amuleto. En días con suerte, cuenta con un acompañante que le ayuda y armoniza sus notas con el sonar de las maracas.

Cuenta doña Flor, que el día que no tuvo moneda para poner el recipiente,  fue un día diferente y sin ingresos.

“Le voy a contar una historia, una vez me vine a las dos de la tarde, yo siempre le cargo una moneda de doscientos para echarle al tarro, ese día no pude traer nada porque no había. Y eran las seis de la tarde y no me habían echado una moneda para comprarme un tinto.  (…)  y llegó un conocido y me dio seiscientos pesos con eso me fui para la casa” Comentó

¿Los ibaguereños son generosos con usted?

Siempre me voy con mis monedas para la casa, así sean dos mil pesos, hoy me he hecho tres mil.

(…)

Interrumpe la entrevista para dejarme escuchar la ronca voz que sale de su garganta, la acompaña un amigo de pocas palabras y mirada perdida, quien hoy hace las veces de maraquero.

“El señor que vivió conmigo él se murió y ahora estoy sola, él es un amigo que viene y me colabora, en lo que necesito”

Doña Flor, canta sin cesar la letra de una canción llamada “Mi vida es prestada”, del dueto Revelación, como si con ella se identificara y les contara a los ibaguereños indiferentes su diario vivir.

“Yo vivo mi vida como Dios me ayude
por culpa de otro no voy a sufrir,
no veo el motivo de llorar por eso,
si sé que algún día yo me voy a ir.

Mi vida es prestada porque tiene dueño,
y ese propietario se llama mi Dios, por
eso la llevo tranquilo y sereno a él se
la debo, a él se la doy»

Escuche aquí a Doña Flor:

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